HORA DE DESPERTAR AMERICA
En
los meses recientes, he seguido muy de cerca la evolución del acontecer político
de los Estados Unidos. He escrito y comentado hasta la saciedad los diferentes
eventos ocurridos desde Marzo de este año, cuando ni siquiera sabíamos quiénes
serían los candidatos que se disputarían las elecciones por parte de los dos
principales partidos, el Demócrata y el Republicano, hasta hoy cuando nos
encontramos a menos de 3 semanas para la celebración de tan importante evento
cívico.
Pero
no es de eso que quería comentar en esta reflexión; lo que realmente me ha
llamado la atención en los últimos meses es la transformación, que de alguna
manera, ha ocurrido en la sociedad norteamericana; todo ello a propósito de la
retórica populista que ha utilizado el Sr.Trump a lo largo de su campaña, por
manera de asegurar así el apoyo electoral, presentándose como una suerte de
figura mesiánica, y además la única, capaz de resolver con eficacia y
eficiencia los graves y urgentes retos que este país enfrenta , tanto en lo
interno, sino de cara a su rol protagónico en el ámbito internacional.
Así
es, este empresario, con suerte y dinero, pretende asumir el rol de líder de
este gran país, sobre la base de atribuirse condiciones únicas para enfrentar y
resolver todos los males que, en su
opinión, le aquejan.
Su
discurso populista, premeditado, de alto contenido demagógico y sin sustancia
ni fundamento, ha logrado, en corto tiempo, socavar y extraer del alma del
pueblo americano que lo apoya, sentimientos que nunca antes en la historia
republicana se habían puesto de manifiesto de una manera tan dramática.
Discurso
este que, de alguna forma, ha logrado dividir al país, ya no entre demócratas y
republicanos, sino entre aquellos que representan lo que se ha denominado el
establishment; y aquellos que ahora piensan que este líder de pacotilla puede
ser su representante.
He
sido por años un estudioso de la historia de este país, y a pesar de tantas
etapas superadas de oscurantismo, persecuciones y de atropellos por motivos de
raza, sexo o condición social; no podemos dejar de señalar, que siempre han
quedado restos de esos sentimientos en el alma del pueblo americano, que hoy ve
como alguien con posibilidades de acceder al poder, los utiliza para su propio
beneficio político.
Siempre
he considerado que el común de la gente, el norteamericano de a pie como les
llaman, conservan en su fuero interno, como en casi todas las sociedades,
resentimientos sociales de diversa naturaleza, que muy desafortunadamente se
ven convertidos en fuerza impulsora de los intereses políticos del Sr. Trump.
Para entender esto no hay que pasearse por la historia más reciente de los llamados
caudillos que se han enquistado en algunos países de Latinoamérica, cuyo mejor
ejemplo es el caso de Venezuela.
Muy
tristemente, si bien este país puede considerarse la primera potencia del
mundo, también es cierto que tiene sus carencias, y muchas de ellas derivan del
enorme desconocimiento, del pueblo americano en general, sobre lo que acontece
fuera de sus fronteras.
Esa
aparente ignorancia o visión parcial sobre los asuntos más relevantes que
gravitan sobre el mundo de hoy; esa indolencia para conocer y entender muchos
de los graves problemas que agitan al mundo a nivel global, y particularmente
aquellos específicos de este país, ha sido el caldo de cultivo donde han ido
germinando y floreciendo esas posiciones de antagonismo social, de virulencia
verbal, de inconsistencia conceptual, de radicalización y de enfrentamiento
contra todo lo que ha sido el basamento político de esta Nación.
Lo
anterior ha encontrado un supuesto representante en la figura del Sr. Trump, quien
se ha encargado de exacerbar esos sentimientos, y quien se muestra como el
adalid y defensor de todas sus inquietudes y aspiraciones, por muy legítimas
que estas sean, y que se ha empeñado y continua empeñándose en socavar las
bases tradicionales de un sistema que, aunque no le guste al Sr. Trump, ha
representado el sustento o la base del
régimen democrático, que ha identificado a lo largo de los años a los
Estados Unidos.
No
nos llamemos a engaños, el pueblo americano tiene y debe despertar para darse
cuenta que este individuo no les representa, él no es lo mejor de este país; él
no es más que una caricatura de líder político que solo aboga por sus intereses,
y que solo piensa en satisfacer su egolatría y sus ambiciones personales.
El
pueblo americano entenderá y pensará, con sensatez y sabiduría, que este no
puede ser el camino a seguir, y el 8 de Noviembre enviará un contundente
mensaje al mundo, que no es otro que su determinante voluntad de continuar
viviendo en un país de libertades y cuya democracia ha sido ejemplo para el
mundo; un país en el que sus instituciones son sólidas y respetadas por todos, un
país respetuoso de las leyes y de los derechos de sus ciudadanos; en fin, un
país que ha demostrado a lo largo de su historia su voluntad firme de vivir en
paz, en armonía, y en concordancia con los valores que soñaron sus padres
fundadores.
Octubre
20,2016
FPP