LOS RECUERDOS
Por
esas cosas de la vida, de repente me detuve y me percaté que desde hace algún
tiempo afloran a mi mente multitud de recuerdos de diferentes épocas de mi
vida. Me pregunte? Y ello por qué. Es que acaso el recordar se convierte en
alguna etapa de nuestras vidas, en una oportunidad de revisar a fondo nuestro
transitar terrenal.
Hay
recuerdos gratos, algunos realmente hermosos, otros no tanto, y recuerdos
trágicos, dolorosos, pero al fin y al cabo, no son más que un reflejo de todo
por lo que hemos pasado. Desde nuestra infancia, cuando jugábamos carritos o
montábamos caballo en el muro de la casa, o de cuando diseccionábamos
lagartijas y las poníamos en formol para regocijarnos con su estructura. Cuando
íbamos al Coney Island y comíamos cotufas y algodón de azúcar, y no teníamos
que preocuparnos de la diabetes.
A
medida que fuimos creciendo, se van agolpando los recuerdos de otra naturaleza;
el jugar con pelota de goma en la calle,
donde las alcantarillas del agua eran las bases y había que esperar que
pasaran los carros para continuar jugando, cuando íbamos al cine y nos
quedábamos dentro al terminar, para ver de nuevo la misma película gratis. Cuando
ya adolescentes tuvimos nuestro primer amor, al principio absolutamente
platónico, porque nuestro temor y timidez nos impedía decirle nada a aquella
persona que nos quitaba el sueño. Cuando ya teníamos la valentía de ensayar
aquello de “tu me gustas, quieres ser mi novia”, entonces venía la emoción del
primer beso, el abrazo por los hombros, la ida al cine a escondidas, y estar
toda la película con las manos entrelazadas sudando, pero del susto o de la
emoción.
Que
época aquella cuando empezamos a pensar en nuestro futuro, en sobre lo que queríamos
ser, policía , bombero, médico , ingeniero, abogado, lo que fuera, pero con la
ilusión de poder ver materializados esos deseos o aspiraciones. Nuestro
encuentro con la necesidad de aprender cada vez más para ser personas formadas,
educadas y cultas. Esa era la época en que nuestros padres se desvelaban por
convertirnos en mejores personas y de prepararnos para la vida, porque ellos
sabían que algún día no estarían, y teníamos que estar listos para enfrentarnos
a nuestra propia realidad.
Cuando
ya fuimos a la universidad, todavía muy jóvenes, llenos de energía y entusiasmo,
pero también llenos de dudas, temores y sobre todo de mucha inmadurez; sin
saber realmente que era lo que estábamos buscando. Toda una época llena de
hermosos recuerdos, los compañeros de clase, los primeros encuentros amorosos,
nuestra primera experiencia , el descubrimiento del alcohol como desinhibidor
de voluntades; nuestros profesores, en fin todo un cúmulo de experiencias que
nos fueron forjando y preparándonos para enfrentar la realidad de nuestra
existencia. Para esos momentos, todavía sin muchas responsabilidades, y como
decían nuestros padres, lo único que te pedimos es estudiar, y no por nosotros
sino por ti mismo. Cuanta verdad en esa frase, efectivamente los padres
entregan su vida y su alma por darle a sus hijos lo más importante, el más preciado
legado, que no es más que una buena educación, y un baúl de valores de todo
orden, morales, de conducta, y de forjamiento de personalidades sólidas, que
nos dieran el armamento necesario para enfrentarnos con éxito a los retos de la
vida.
Obviamente,
cada quien tenía que vivir sus propias experiencias, y aprender de ellas, y
nadie aprendía de la experiencia de los demás. Eso es así, aun en la vida
adulta, cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas, y no somos capaces de
reconocer lo valioso de la experiencia de otros, para no cometer los mismos
errores. Eso pasa con nuestros hijos, a quienes tratamos de transmitirles toda
esa experiencia acumulada a través de los años, pero que sabemos no aplicarán
hasta tanto no reciban su primera frustración porque algo no salió como
esperaban.
La
vida está llena de recuerdos, de sorpresas, de alegrías, de sinsabores, de
dudas, de temores, pero también de todas las cosas buenas vividas y compartidas
con seres queridos, sean estos tus padres, tu esposa, tus hijos, hermanos,
familiares, y tus amigos, algunos de los
cuales te han acompañado en ese transitar a lo largo de muchos años, y se han
convertido en tus hermanos de la vida.
Ya
en la madurez de mis años, he aprendido, y más que eso, entendido, que la vida
es solo eso, una acumulación de experiencias y de recuerdos, de momentos
felices, contigo mismo, con tu familia, con tu esposa, con tus hijos, y con
todos aquellos que la providencia ha puesto a tu lado para compartir. Eso es lo
único que realmente nos llevamos cuando Dios nos llama a rendir cuenta. Eso,
los recuerdos de lo vivido, pero también muy importante, lo que dejamos,
nuestra impronta en nuestros hijos, porque ellos de alguna manera son un
reflejo fiel de nosotros mismos, de lo que les brindamos para ayudarles a
crecer, madurar y desarrollarse como personas, para que sean cada vez mejores
seres humanos, compasivos y bondadosos, y fieles a sus valores y principios,
para que así siga rodando la rueda, porque ellos tendrán que hacer lo mismo con
sus hijos, y así sucesivamente.
Hoy
día, me siento feliz y satisfecho de haber cumplido con los roles que la vida
me asignó, como hijo que amó profundamente a sus padres, como esposo que adora
a su familia, a la que he dedicado todo mi esfuerzo, para ofrecerles una vida
digna y un espacio para crecer y desarrollarse , a mi adorada esposa, mi
compañera de viaje en esta aventura de consolidar un hogar para nuestras hijas y crearles un espacio para que se
convirtieran en las mujeres que son hoy en día, a mis nietos, y a mis amigos, y
a todos aquellos que de alguna manera han sido factores influyentes en mi vida.
Satisfecho de haber cumplido con mis responsabilidades profesionales con
responsabilidad, honestidad y profesionalismo. Creo que lo logré, hoy puedo
sentirme orgulloso de mis logros; pero mi logro más importante es haber forjado
una familia, junto a mi esposa y seis hijas, que nos han dado diez maravillosos
nietos, a quienes amo profundamente.
Como
todo en la vida, he tenido mis aciertos y mis errores, pero en el balance creo
que la cuenta esta más en el haber que en el debe. En esta etapa de mi vida, he
decidido hacer lo que siempre quise, pero nunca hice, cual es escribir sobre lo
que pienso y siento, no para regocijarme
con ello, sino como un mecanismo de desahogo a lo que quisiéramos
expresar, y no nos atrevemos. Estoy feliz de haberlo conseguido, esta manera de
expresarme, no necesariamente para compartirlo, pero si como para dejar asentada,
cual ha sido mi manera de pensar, mi filosofía de la vida, mis opiniones o
sentires sobre diferentes tópicos de la vida humana, o de circunstancias o
eventos del tiempo que me ha tocado vivir; y así, cuando sea llamado a rendir
cuentas de mi existencia, quede algo que les proporcione, sobre todo a mi
familia, a mis hijas y nietos, elementos de reflexión para el mejor
desenvolvimiento de sus vidas. Ojalá en su lectura, encuentren respuestas a las
múltiples interrogantes de la existencia. Si solo sirve para eso, estaría más
que feliz de que así fuese.
Weston,
Septiembre 22, 2017
FPP