PERDÍ A MI PAÍS
Ya
en las postrimerías del año 2017, pienso y repienso sobre lo que ha acontecido
en mi país Venezuela en los últimos 18 años, y no dejo de sentir más que una
profunda tristeza al ver como se ha ido materializando la destrucción
programada de uno de los países más pujantes de América Latina.
Han
sido muchas las oportunidades en las que me he permitido escribir sobre
Venezuela y sus circunstancias, desde el año 2004, cuando , si se quiere,
comencé a escribir con una reflexión que denominé “La Venezuela que yo sueño”.
Hace ya largos 14 años señalaba:
“Es
la hora de soñar y de creer en un país distinto, en donde quepamos todos los
venezolanos, con nuestras diferencias; un país que sea ejemplo de democracia
real, de funcionarios probos, de una administración publica eficiente, de
servicios públicos que funcionen; un país donde la solidaridad con los demás no
sea un slogan político sino una obligación moral para con nuestros compatriotas
y arraigada en el corazón; un país donde nuestros hijos y nietos puedan vivir
en libertad, donde tengan oportunidades de crecimiento personal y profesional;
un país donde existan y funcionen las instituciones; un país donde impere el
estado de derecho y sobre todo la justicia, pero no una justicia vacía sino
aquella que tenga contenido social y sea igual para todos; un país abierto,
sensible, moderno y donde no existan diferencias ni odios, sino la voluntad y
el esfuerzo colectivo y creador para hacerla cada vez más grande y próspera; en
fin un país donde valga la pena vivir y luchar.”
Así
fueron pasando los años y continuaba soñando por una Venezuela libre y
democrática, ; en otras reflexiones me refería a las diferentes oportunidades
que hemos tenido a lo largo de estos años para salir de esta pesadilla y ello
no ha sido posible; mientras tanto mi país continuaba su marcha indetenible
hacia su propia destrucción, en todos los órdenes, económico, político, moral,
social y emocional.
Hemos
sido testigos y uno no puede dejar de sorprenderse de la capacidad de
destrucción que ha tenido este gobierno para que en apenas 18 años haya
convertido a Venezuela en uno de los países, si no el primero, con mayor
inseguridad en el mundo; un país con la mayor inflación del planeta, 2000% para
el 2017, 82% de pobreza, 15% come de la basura, el dólar paso de 500 a 112.000
bajo este régimen, 3.500 asesinatos políticos, 70% de las empresas cerradas,
555% de incremento en el salario mínimo en 10 meses, 63% de deserción escolar,
20% de la población ha huido del país; sin reservas financieras en el Banco Central,
con una profunda crisis humanitaria por la escasez de alimentos y medicinas
para los más necesitados; un país con más de 600 presos políticos que han
recibido y continúan recibiendo tratos inhumanos en los recintos donde los
tienen recluidos, un país sin justicia, sin poderes públicos independientes;
por el contrario los que existen son apéndices del gobierno y solo siguen instrucciones
del chofer de Miraflores. Un país donde las Fuerzas Armadas se han plegado al
régimen para poder seguir disfrutando de las prebendas que este le otorga, a
cambio de su subordinación y su lealtad, siendo la manera de encubrir el más
profundo sistema de corrupción a todos los niveles dentro de las Fuerzas Armadas,
y en general, en toda la red de los poderes públicos en Venezuela.
Y
así pudiéramos seguir mencionando índices hasta el cansancio que demuestran
claramente el nivel de desgracia que sufre Venezuela, y muy lamentablemente no
se vislumbra una luz al final del túnel. Cada día que pasa siento que perdí a
mi país, que no hay opciones para lograr el anhelado cambio, que es tal el
nivel de sojuzgamiento al que tienen sometido al pueblo venezolano que
pareciera que hemos perdido la voluntad de luchar. El hambre, la miseria y las
necesidades del pueblo venezolano lo han desviado del camino, y hoy solo se
lucha por sobrevivir; mientras tanto el régimen se consolida y se atornilla en
el poder.
Sé
que el título de esta reflexión puede sonar muy pesimista de mi parte, pero es
que los signos que vemos en nuestro pueblo parecieran señalar que el gobierno
ha tomado todos los espacios, y tienen todo el poder para mantenernos a raya en
nuestras aspiraciones de libertad.
Me
resisto a rendirme frente a esta pandilla
de forajidos que se han adueñado de Venezuela, y así como yo estoy seguro que la
mayoría del pueblo venezolano piensa lo mismo. Hoy me reafirmo en esa
convicción. No se trata de un simple deseo, sino de una realidad que se vive en
Venezuela día tras día. La lucha ha sido y es desigual; ellos amparados en las
armas, en su brutal represión, en el amedrentamiento expresado en todas sus
formas, apoyados en forma descarada por unos poderes públicos secuestrados por
el régimen.
Del
otro lado de la ecuación, encontramos un pueblo sin armas, solo amparados en la
firme convicción de sus ideales, su vocación libertaria, su expreso deseo de
manifestar su voluntad , para garantizar el regreso al país de un régimen de
libertades, de un régimen democrático, que respete la libertad y que garantice
la activación de un movimiento para que por las vías legales, pacíficas y
constitucionales conduzca a la realización de una elecciones libres, y darnos
el gobierno que nos merecemos, y así iniciar el largo y doloroso camino de la
reconstrucción de Venezuela.
Sigamos
adelante, la Venezuela pujante que lucha ardientemente y sin cesar en la
búsqueda de su propio destino. No olvidemos nunca, que en definitiva se trata
de algo muy simple, o son ellos o somos nosotros. Nos encaminamos a la
confrontación definitiva, y es aquí donde debemos recordar las palabras de Sir
Winston Churchill ante la Cámara de los Comunes el 13 de Mayo de 1940:
“
Me preguntáis; Cuál es nuestra aspiración? Puedo responder con una palabra:
Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria
por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay
supervivencia.”
Sí,
se acerca el final de una larga batalla por la conquista de nuestro futuro, y más
que el nuestro, el de las futuras generaciones de venezolanos , que tendrán la
dicha de vivir , crecer y luchar en una Venezuela libre, democrática, próspera
y encaminada a la consecución de su
destino como Nación. Por todo eso me resisto a sentir que perdí a mi país.
Weston,
Diciembre 29, 2017
FPP