Monday, June 18, 2018




SE FUE A VOLAR ALTO



Sabíamos que la partida era inevitable, que en algún momento ocurriría, pero como siempre, aunque estemos conscientes de ello, la inesperada noticia causa dolor, desconcierto, tristeza, desconsuelo y todas esas emociones cuando nos deja una persona que hemos querido sin restricciones.

Así pues, Elina decidió volar alto, y como dijo mi hija recientemente, se nos fue sin nuestro permiso y peor aún sin avisarnos. Ya ella se encuentra arropada por la gloria de Dios, y acompañada por sus seres más queridos. Debe estar henchida de felicidad por ese reencuentro.

Aquí, los que nos quedamos, sentimos el vacío de su ausencia, pero aquí quisiera, más que llorar su partida, creo que deberíamos todos celebrar su vida. Si, una vida plena en todos los sentidos, siempre acompañada por tu compañero de vida  el siempre recordado Chente, con quien erigiste una familia que era tu orgullo y tu mayor satisfacción. La vida te dió la oportunidad de ver crecer a tus hijos, tener sus propias familias, disfrutar a tus nietos y bisnietos, en fin, y tú siempre allí para brindarles todo tu amor incondicional.

Ya en Enero del año 2017, a propósito de escribir una reflexión sobre un valor humano fundamental como lo es la Bondad, lo hice contigo en mi mente, pues tú eras para mí el mejor ejemplo de la práctica de ese valor, tan poco común en estos tiempos. Quise de alguna manera homenajearte por ser la persona que eras, y de cómo tu ejemplo debía servir de modelo para actuar y comportarnos en la vida en la forma en tu lo hiciste.

En esa oportunidad decía: 

“Así pues, Elina María, pensando en ti, quise escribir esta reflexión sobre un valor que ha sido una constante durante toda tu vida. El amor denodado por tus hijos y tu familia, tu dedicación y entrega por el bienestar no solo de los tuyos sino de todo aquel que llegara a tu puerta en necesidad de algo. Tu sencillez aparejada con una humildad sin límites, tu actitud serena frente a todas las circunstancias de la vida; tu fortaleza para afrontar los retos y dificultades que la vida ha puesto en tu camino, y tu consecuente y permanente disposición de anteponer tus intereses o necesidades, para favorecer o beneficiar a otros. Has sido una hija, esposa y madre ejemplar, y tu ejemplo siempre ha sido y será, para aquellos que hemos tenido el privilegio de tenerte con nosotros, un estímulo constante en la eterna lucha para ser cada día mejores seres humanos.”

Solo las personas como tú, despojadas de toda clase de egoísmos, llenos de una enorme humildad, y con acendrados valores espirituales, pueden despojarse de posturas mundanas o de ocasión, y pueden expresar sus sentimientos con esa naturalidad que les caracteriza.

Ese fue precisamente el caso de mi querida suegra; a quien dedico con profundo cariño estas líneas para dejar  plasmada, en esta breve semblanza, una persona muy especial en mi vida y en mis sentimientos.

Ella fue siempre un magnífico ejemplo de muchas cosas; pero en particular, de lo que significaba ser una esposa leal y comprometida con el bienestar de su familia; una madre abnegada y dedicada por entero a sus hijos, por quienes lucho sin cesar para que fueran los hombres y mujeres que son hoy en día; una abuela amorosa y entregada; y una hija ejemplar para con sus padres; y una hermana siempre presente para los suyos.

Fuiste una fiel y profunda creyente, una practicante constante de los más relevantes valores cristianos; de carácter compasivo y de una caridad sin límites, solidaria hasta los tuétanos; y sobre todo, tu compromiso sincero en apoyar las causas más nobles en beneficio de los más necesitados.

Más allá de la experiencia y pensamientos personales de cada quien, creo que cada persona tiene sus razones para vivir y para anhelar seguir viviendo, cada quien tiene sus intereses y sus sueños particulares, sus metas a corto y largo plazo, pero en fin, de lo que se trata es de estar conscientes de que la vida da sus giros inesperados y nunca sabemos cuál es nuestro tiempo restante; de allí que lo más importante sea hacer que cada día de nuestra vida, siguiendo el ejemplo de Elina, valga la pena, comportarnos y actuar de manera tal  que no tengamos nada de qué avergonzarnos, que dejemos muestro grano de arena en el mundo que nos circunda, dejar alguna huella en la vida de alguna persona que nos rodea, amar intensamente a nuestra familia, a nuestros hijos , nuestros nietos, y recordar siempre a las personas que queremos, y hacerles saber lo mucho que los queremos, no albergar malos sentimientos en nuestro corazón y, en síntesis, trabajar duro cada día para ser cada vez más una mejor persona. Así fue ella y así la recordaremos.

Así, mi querida suegra, vuele alto, bien alto, que usted se lo merecía, para que desde allá arriba, ya en la paz del Reino de los Cielos, siga guiando nuestros pasos en este tránsito terrenal hasta el anhelado reencuentro.

Weston June 14, 2018


Friday, June 8, 2018





LA JUSTICIA


Tal vez por venir a mis recuerdos aquellos tiempos de estudiante de Derecho en la recordada y apreciada Universidad Católica Andrés Bello, vino a mi mente un concepto del que se ha hablado mucho pero que en la mayoría de los casos no se aplica.

Me refiero a la Justicia, pero no a la justicia en términos estrictamente legales sino en toda su amplitud.. Según el diccionario de la Real Academia Española , la justicia es un valor determinado como bien común por la sociedad. Nació de la necesidad de mantener la armonía entre sus integrantes, y en ese sentido como el conjunto de pautas y criterios que establecen el adecuado marco para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la interacción de los mismos.

Existen demasiadas definiciones de lo que se entiende por justicia, y ese concepto se puede analizar desde variados puntos de vista: el ético, moral, como virtud, filosófico, religioso, del derecho y otros.

Corresponde a la filosofía moral y a la ética el estudio de la justicia desde el punto de vista filosófico; y en ese sentido se define como la virtud cardinal que reside en la voluntad mediante la cual, la persona está inclinada a dar a cada uno lo suyo, ya sea de manera individual, como sociedad o como grupo de personas, miembros de la sociedad.

De allí que, a lo que me interesa, que es referirme a la justicia como virtud; así “lo propio de toda virtud y hábito es ser una disposición que inclina de un modo firme y permanente a sus actos”. Por lo tanto como una virtud principal sobre ella gira la vida moral de las personas.

La Justicia es una virtud que reside en la voluntad, y así como lo indica Santo Tomás de Aquino “No es justo quien conoce lo que es recto sino quien obra rectamente”. En definitiva la inclinación a dar a cada uno lo suyo. Como vemos el meollo esta precisamente en ese detalle de obrar rectamente.

Según el Jurista Romano Ulpiano, la Justicia la definió así: “La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho”, y los preceptos o mandatos del derecho son: “vivir honestamente, no hacer daño a nadie y dar a cada uno lo que le corresponde”. Como vemos, los Romanos lo tenían muy claro y si nos atenemos simplemente a entender y aplicar en su precisa dimensión ese concepto, muy probablemente viviríamos en un mundo más justo y más humano.

Efectivamente, la justicia como virtud se entiende como una virtud humana y se definiría como el arte de hacer lo justo y de dar a cada uno lo suyo, en síntesis esto nos dice que la justicia es la virtud de cumplir y respetar el derecho, es el de exigir sus derechos, es otorgar los derechos a un individuo. En tal sentido es la voluntad constante de dar a cada uno lo que es suyo. Es aquel sentimiento de rectitud que gobierna la conducta y hace acatar debidamente todos  los derechos de los demás.

Como bien lo resume el eminente jurista Alemán Hans Kelsen; “La justicia es para mí aquello cuya protección puede florecer la ciencia, y junto con la ciencia, la verdad y la sinceridad. Es la justicia de la libertad, la justicia de la paz, la justicia de la democracia, la justicia de la tolerancia.”

Muy tristemente, en muchas sociedades ese concepto universal de Justicia no se aplica, ni mucho menos se encuentra alineado con lo que ha sido la representación de la Justicia.

Como sabemos, y así lo hemos visto representado, la justicia se representa con una mujer que lleva los ojos vendados, una balanza en una mano y una espada en la otra. Los ojos vendados pretenden destacar que la justicia no mira a los hombres, sino a los hechos, es decir, que la justicia es igual para todos los hombres. La balanza representa el juicio que determinara colocando a cada lado de la balanza los argumentos y las pruebas de cada parte. La espada expresa que la justicia castigará con mano dura a los culpables.

En regímenes de corte totalitario, autocrático o dictatorial, la representación de la justicia se ve matizada, por no decir alienada, por cuanto se atiene no a los hechos sino al nivel de influencia o poder, y en beneficio de aquellos que detentan el poder. Así vemos que la balanza se inclina hacia donde se encuentran los factores de poder, sin consideración alguna a los argumentos o pruebas de la parte contraria; de allí que la aplicación de la justicia recae, en la mayoría de los casos, en el más débil de la relación, el más desprotegido, o sea aquel que no tiene la posibilidad de una consideración justa de sus derechos.

Esa justicia, si así podemos llamarla, no es justicia en los términos que hemos venido comentando; por el contrario, es una farsa alejada del concepto básico de dar a cada uno lo suyo o lo que le corresponda en derecho y en justicia. Además es una justicia de ojos abiertos para favorecer a los factores de poder; desbalanceada por inclinarse a favor de aquellos que detentan el poder, y presta a castigar a los inocentes injustamente, en beneficio de aquellos supuestamente llamados a proteger los derechos de los ciudadanos.

Como hemos visto, ese es el modo más parecido a lo que padecen cada día, en cada rincón del planeta, infinidad de ciudadanos o instituciones que se ven sometidos a los vaivenes y/o conveniencia de regímenes oprobiosos, no democráticos, ni mucho menos orientados a velar por el bienestar sus ciudadanos, sino para satisfacer sus apetencias particulares o colectivas.

Esa supuesta “Justicia” es la que vemos aplicar cada día en muchos países, y en particular por lo que me atañe, en mi país Venezuela, que sufre hoy los desmanes de un gobierno populista, demagogo, autoritario y dictatorial, y para quienes la justicia no es más que un instrumento de opresión y de amedrentamiento, enmarcado en instituciones diseñadas para proteger al gobierno de turno.

Nada más alejado de la realidad histórica, y de los conceptos universales de justicia, que siempre hemos valorado como una virtud concebida como aquella que nos hace ceñirnos a los fundamentales valores del respeto, la equidad, la solidaridad, y por ende la justicia como valor esencial que rige  la relación entre los seres humanos.

Weston, Mayo 11, 2018