VENEZUELA:TIERRA DE GRACIA
Hace
ya bastante tiempo que no escribo sobre Venezuela, algo así como 10 meses, y
ello ha tenido una razón. En primer lugar me dediqué a la tarea de recopilar
todo lo que había escrito sobre Venezuela hasta una fecha dada, y de allí surge
un libro recién publicado que titulé “Reflexiones sobre Venezuela 2004-2019”.
Por
otra parte, me impuse otra limitante asociada al hecho que los acontecimientos
en nuestro país son de tal naturaleza variable, que uno podría escribir algo a
diario, y aun así no recoges la totalidad de lo que acontece cada día. No fue
sino hasta los eventos que ocurrieron en el país después del 10 de enero del
corriente año, con la designación, por una parte de la nueva Junta Directiva de
la Asamblea Nacional legítimamente electa en el año 2015; y por la otra porque
para esa fecha se juramentó para otro periodo constitucional el ilegítimo
presidente Nicolás Maduro, haciéndolo frente al también ilegítimo Tribunal Supremo
de Justicia, y no frente a la Asamblea Nacional como lo dispone la Constitución
Nacional.
Ahora
bien, en estos meses me he debatido en escribir sobre lo que ocurre en nuestro
atribulado país, pero he estado esperando que ocurriese algo que fuera el
disparador necesario, para expresar no solo lo que siento, sino lo que pienso
sobre el discurrir venezolano. Otro aspecto que me ha limitado ha sido el hecho
de que mi visión sobre Venezuela es la de alguien que se encuentra fuera del
país desde hace casi 19 años, ello de por si pudiera parecer una fuerte
limitación para poder analizar lo acontecido con la necesaria imparcialidad y
sobre todo con el conocimiento de causa de todas las calamidades que ha sufrido
y sufre el pueblo venezolano.
Me
he pronunciado sobre lo que atañe a mi país desde hace muchos años, y he
seguido y sigo muy de cerca todo lo que allí ocurre, por los diferentes medios
a mi alcance, ya sean estos escritos o audio visuales o simplemente por las
apreciaciones de familiares y amigos que sufren esas vicisitudes día a día; de
allí que puedo decir que estoy muy al tanto de lo que ocurre, y es por ello que
puedo atreverme a opinar sobre todos sus avatares en este doloroso proceso.
Como
sabemos, La Asamblea Nacional designó una nueva Junta Directiva, quedando la presidencia en manos
del dirigente de Voluntad Popular Diputado Juan Gerardo Guaidó Márquez, quien
asumió la Presidencia, con una idea muy clara de cualquier sería su rol en el
inicio de un proceso que pudiera conducir al país a la reconquista de su
libertad.
Así
tenemos que para el 23 de Enero de este año, el entonces diputado Guaidó, en estricto
cumplimiento del mandato constitucional contenido en el artículo 233,
interpretado en conjunto con el artículo 333 de la Constitución Nacional, se
juramentó frente al pueblo venezolano como Presidente Interino de la República,
con una sola misión, cual era la de rescatar el orden constitucional violentado
con la juramentación de una persona como presidente en forma inconstitucional e
ilegítima, por ser producto de unas elecciones írritas e igualmente ilegítimas,
y con el aval y respaldo de una asamblea nacional constituyente igualmente
inconstitucional e ilegítima. Frente a esta ausencia absoluta del presidente, corresponde al Presidente de
la Asamblea Nacional asumir interinamente el cargo, para iniciar una etapa de
transición que conduzca a la convocatoria de unas elecciones libres en
Venezuela.
Desde
el inicio, el Presidente Interino Juan Guaidó fue claro y rotundo en marcar
cual sería la ruta para ese rescate del orden constitucional, y no es otro que
lograr el cese de la usurpación del poder por parte del presidente Maduro,
quien no ostenta ni tiene legitimidad constitucional para ejercer dichas
funciones; por otra parte, logrado el cese de la usurpación formar un gobierno
de transición como segundo paso, y un
paso final que sería la convocatoria de unas elecciones libres en Venezuela.
Como
sabemos, inmediatamente después de la juramentación del Diputado Guaidó como Presidente
Interino de la República, este fue inmediatamente reconocido como tal por más
de 50 países del mundo , incluyendo los Estados Unidos de América, y la casi
totalidad de los países de la américa hispana, y otros países de Europa. Ese
reconocimiento del Presidente Guaidó, no solo le confería legitimidad mayor a
su simple asunción del cargo, sino que reiteraba el no reconocimiento del
presidente Maduro como presidente de Venezuela.
A
partir de allí, se han desatado cualquier cantidad de acontecimientos, de
diversa índole y naturaleza, que será harto difícil reseñarlos todos en este
apretado resumen. Sin embargo, lo intentaremos al referirme ahora a lo que, a
mi juicio, ha sido lo más relevante durante estos largos casi 5 meses.
En
primer lugar, el surgimiento de un líder. Eso por si solo ha dado lugar a que
las esperanzas dormidas de los venezolanos resurgieran y se aglutinaran
alrededor de una figura, no solo circunstancial, pero al mismo tiempo
providencial. Digo esto porque se trata de un joven líder político,
carismático, entusiasta, enérgico, valiente, sereno y con el coraje suficiente
para asumir esta tremenda responsabilidad, cual es la de ser el conductor de
este difícil proceso que permita lograr el cese de la usurpación, formar un
gobierno de transición, para poder ir finalmente a unas elecciones libres en Venezuela.
Ese joven ha iniciado una cruzada, con muchos vientos en contra, pero con mucha
valentía y coraje, para enfrentar todas las adversidades que se ha encontrado,
y que todavía va a encontrar en su camino.
Todo
este proceso de cambio ha pasado por innumerables pruebas, desde las amenazas
del gobierno no solo contra él y su familia, sino contra muchos líderes de la
oposición, muchos de los cuales están hoy presos, solo por apoyar este proceso
y simplemente disentir de la posición del gobierno. Se han fraguado cualquier
cantidad de trampas y triquiñuelas, algo en lo que el gobierno es muy
habilidoso, para torpedear todo lo que pueda implicar un cambio sustancial y
radical en el país.
Con
el liderazgo del Presidente Guaidó, se han ido, en sus propias palabras,
construyendo las capacidades que nos permita lograr, en primer lugar, el cese
de la usurpación; al fin y al cabo por allí empieza todo y de allí se iniciarán
los otros pasos, para culminar en las elecciones libres que aspiran todos los
venezolanos.
Es
preciso destacar que este no ha sido un camino fácil, por el contrario, difícil
y tortuoso; aun así, se han logrado muchas cosas de relevante importancia. El
reconocimiento del Presidente Guaidó como el Presidente legítimo de Venezuela
por más de 50 países del mundo. El apoyo irrestricto de la mayoría de los países
de américa latina, expresados colectivamente en el Grupo de Lima. El respaldo
amplio de la Comunidad Económica Europea , pero sobre todo del parlamente
europeo, y así de muchas otras entidades, grupos de opinión, personalidades a
nivel mundial; en fin todo un conglomerado, que de alguna forma han puesto en
el tapete de la noticia mundial a nuestro país. Obviamente, lo que más ha
determinado esta presencia a diario de Venezuela en todos los medios de
comunicación mundial, es fundamentalmente su crisis humanitaria, desconocida
por el régimen de NM, y que continua agravándose, con el consiguiente
sufrimiento del pueblo venezolano. La crisis migratoria, que ha implicado que
alrededor de 4 millones de venezolanos hayan huido de su país , debido al
hambre, la inseguridad, la salud, y sin el beneficio de los más elementales
servicios básicos que todo gobierno responsable debe proveer a sus ciudadanos.
Toda
esta cruenta crisis se agrava día a día, en estos últimos tiempos lo que ha
hecho es agravarse aún más, y sin que aparezca una solución al corto plazo.
Cualquier solución tiene necesariamente que pasar por la salida de Maduro del
poder en Venezuela, todo lo cual permitirá, que se puedan dar los pasos para
que un nuevo gobierno de transición tome las medidas de urgencia que permitan
solventar lo más urgente en términos de salud, medicinas, alimentos y seguridad,
que hoy padecen una ingente mayoría de los venezolanos.
En
todo este camino ha habido aciertos, pero también errores. Decir lo contrario
sería pretender tapar el sol con un dedo. Las estrategias diseñadas, no todas,
no han tenido el impacto o han logrado el resultado deseado. La propuesta para
la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela desde Colombia generó una
esperanza para muchos venezolanos que vieron allí la posibilidad de que, no
solo que pudieran entrar a nuestro país alimentos y medicinas, y otros insumos
básicos, sino también la posibilidad de que se resquebrajara la estructura militar,
y se rompiera el apoyo que hasta ese momento había tenido el gobierno
usurpador. No fue así, y por el contrario, a pesar de algunos elementos de las fuerzas
armadas, que se han identificado y puesto a la orden del Presidente Guaidó, la
llamada cúpula militar se mantiene aún fiel a NM, y ello le ha permitido , a
pesar de su debilidad, mantenerse, por ahora, en el poder.
Por
otra parte, los eventos ocurridos el pasado 30 de abril, que incluyo la
liberación de Leopoldo López, y una supuesta manifestación de las fuerzas
armadas en apoyo al Presidente Guaidó, que provocaría la salida del dictador Maduro,
tampoco tuvieron el efecto deseado. Algo falló , y el caso es que Maduro sigue en el poder.
He
escrito sobre Venezuela desde hace muchos años, y en todos mis escritos,
tratando de no ser muy crítico sobre los diferentes actores involucrados, no he
dejado de expresar alguna opinión sobre lo que creo es la base fundamental de
este proceso, cual es la unidad de propósitos, para el logro de un objetivo
común. Tristemente son muchos los intereses involucrados, y por ello se hace más
difícil articular soluciones concertadas que pudiesen tener el efecto deseado,
cual no es otro que la salida del poder del usurpador Nicolás Maduro.
Así
ya dije en Febrero del 2016 lo siguiente:
“Es
la hora de la unión de voluntades, de propósitos comunes, de visión de futuro,
de que nuestros líderes entiendan que Venezuela les ha brindado una oportunidad
para que canalicen un proceso de recuperación del país y con el, de su eventual
reconstrucción. Como he dicho antes, tenemos la gente, el talento y la fuerza
emprendedora para salir adelante. Los recursos están ahí, y solo tenemos que
hacer el uso correcto de ellos para iniciar el lento, doloroso y arduo proceso
de reformulación de nuestro sistema democrático y regresemos a convertirnos en
el país que siempre fuimos. Un país noble, generoso, hermanado a pesar de sus
diferencias, trabajador y valiente, y decidido a encontrar su destino para el
bien de nuestras futuras generaciones.”
En Marzo de ese mismo año,
escribía:
“Es
preciso tomar acciones más aceleradas que permitan se produzca un cambio de
régimen lo antes posible. Sí, por supuesto, en forma democrática, pero no por
ello, en forma que permita al Gobierno reagruparse y continuar envalentonándose
para una confrontación con los opositores. Por el bien del país y de su gente,
es necesario que a la brevedad se produzca el ansiado cambio. Ya la gente no
aguanta más una situación que los ha llevado a la máxima desesperación.
El
proceso es demasiado lento, y eso no es necesariamente una crítica, pero si un
alerta a nuestros dirigentes a ser más proactivos en agilizar los mecanismos
para que el cambio se produzca efectivamente
A esta
satrapía de rufianes, charlatanes y bravucones de barrio, empezando desde el
Presidente Maduro hacia abajo no se les puede dar más chance. El cambio es
ahora. Cualquier tardanza será en detrimento de todos los Venezolanos que aun
sueñan por una Venezuela donde prevalezca la justicia y la libertad.”
“De igual modo en Marzo del
2016 comenté lo siguiente:
“Ahora resulta que la representación de nuestra oposición,
se encuentra cada vez más enredada en sus propias posiciones internas, sus
apetencias electorales, sus preconcebidos cálculos políticos, que a cada
organización dentro de la MUD, les convenga, para ocupar espacios de poder en
un eventual nuevo gobierno. Todo eso le ha permitido al Gobierno, replegarse,
contratacar, siguiendo un poco lo predicado por Chávez, y recomendado por los
estrategas Cubanos, que al fin y al cabo son los que imparten las órdenes a
todos los niveles en nuestro País.
Resulta
que en medio de esta aguda, insostenible y aberrante crisis que viven los
Venezolanos, nuestros dirigentes de oposición, con honrosas excepciones, se
debaten y antagonizan en función de sus verdaderos objetivos de hacerse con el
gobierno, poniendo sus propios intereses personales o particulares de
cualquiera de los partidos que allí hacen fila, para determinar quién va a ser
el abanderado de ese grupo en una futuras elecciones presidenciales.
Lo
anterior resulta, para mí por lo menos, indignante, que nuestros dirigentes se
desgasten en resolver sus diferencias conceptuales e ideológicas, amén de otras
más personales y específicas, en lugar de estar amalgamados en el logro de un
objetivo común, cual es el de poder deshacernos de este Gobierno y régimen
forajido, que ha gobernado a Venezuela por los últimos 17 años.”
El
camino se nos presenta lleno de dificultades, y habrá que sortear todos esos
obstáculos para poder reiniciar el camino en donde los venezolanos se reencuentren en un abrazo fraterno, lleno
de solidaridad y buena voluntad, para dar inicio a la reconstrucción de
Venezuela. El problema no será solo económico, y ese es más fácil de resolver,
como lo hicieron en el pasado países arrasados por las guerras, pero que
supieron enfrentar esas dificultades y superarlas, con las ayudas solidarias de
otros países que estuvieron prestos a dar una mano en ese proceso.
Lo
más difícil será iniciar el camino para la recomposición social del país; el
camino de la reconciliación y el dialogo; y más importante aún el camino de una
renovada educación a todos los niveles, desde la infancia hasta la universidad,
por manera de asegurar que las futuras generaciones de venezolanos serán
formados en un entorno de valores, que los conviertan en ciudadanos íntegros,
que amen a su País, que sean respetuosos de las instituciones y de la
democracia, como el sistema más idóneo para el crecimiento personal y
profesional de los ciudadanos; un país orgulloso, de gente honesta y
trabajadora, que con su esfuerzo creador, serán capaces de forjar la
refundación de Venezuela, como un país de punta en el conglomerado de naciones
del mundo. Eso es lo que deseo para mi Patria, que hoy encuentro perdida en la
inmensidad de la barbarie y de la ignominia”.
En
Julio del 2016 señalaba:
“Como
vemos, con el pasar de los días, seguimos de sorpresa en sorpresa, y sin mucha
certeza de las novedades del día siguiente. Por una parte, solo vemos las
manifestaciones de un Gobierno desesperado que se aferra al poder a cualquier
precio, sin importarles las consecuencias nefastas de sus actos y de las
consecuencias que se deriven de los mismos; sin embargo, por la otra parte
vemos a un indoblegable y noble pueblo, que a pesar de sus carencias y
necesidades, de sus pesares y de su tristeza, de sus calamidades y de su
impotencia, se mantiene firme en sus convicciones, pacífica y responsablemente,
junto a sus líderes naturales, empeñados en lograr el ansiado cambio, en la
forma menos cruenta y dañina posible, para todos los Venezolanos.
No
tengo dudas, a pesar de que en ocasiones me anime el pesimismo, de que
saldremos adelante, que seremos capaces de deshacernos de este ignominioso
régimen, y que podremos iniciar, con fortaleza y en paz, con coraje y valentía,
y con una inmensa fe en nuestras capacidades para reconstruir nuestro país, y
asi abrir las puertas que nos permita transitar por caminos de libertad,
justicia, progreso y bienestar para todos sus ciudadanos.”
Ya
para Julio del 2017 comentaba lo siguiente:
“En
mi caso, lo que si me interesa es manifestar mi convicción de que la lucha
sigue, y que esta no cesará hasta que logremos el anhelado cambio que clama
Venezuela. Será una lucha cada vez más
cruenta y dolorosa; habrán muchas más víctimas, y muy tristemente ese será el
altísimo precio que tendremos que pagar para recobrar nuestra libertad.
Para
ellos es un asunto de supervivencia, donde mantenerse en el poder a costa de lo
que sea, es lo que les garantiza inmunidad frente al incontable número de
delitos y fechorías de toda índole que han cometido en el ejercicio del poder.
Para
nosotros, es un asunto de valores, de convicciones, de rescate de nuestra
democracia pisoteada, de deshacernos de un gobierno que pretende imponer un
régimen político y económico diseñado por otros, y someternos al dominio de un
invasor entronizado en las altas esferas del gobierno, para llevar al país al
establecimiento de un estado comunista en América Latina .
Como
vemos, aunque la lucha parezca desigual, la historia nos ha dejado maravillosos
ejemplos que demuestran que este tipo de regímenes dictatoriales, siempre han
terminado hundiéndose en su propio estiércol, donde habrán de pagar todo el
daño que le causaron a nuestro país.
No
nos engolosinemos con salidas milagrosas, ni mucho menos con fantasías propuestas
por los ilusos e interesados de siempre; nuestra lucha sigue siendo la misma,
aquella que facilite el camino para la realización de una elecciones libres,
pacíficas y democráticas, por manera que el pueblo, como único destinatario de
la soberanía nacional, decida qué clase de gobierno y de sistema político
quiere para nuestro país. Cualquier opción intermedia, no pasa el más mínimo y
riguroso análisis político y legal.
Estoy
más que consciente que mi condición de encontrarme en el exterior, no me permite
referirme a las acciones que han tomado nuestros dirigentes, el camino que han
escogido, y las estrategias diseñadas para el logro de los objetivos trazados;
pero lo que si me es permisible es opinar sobre lo que yo creo, sin criticar ni
cuestionar a nadie; por el contrario, respetando siempre lo que piensan y
determinan otros sobre el terreno de los acontecimientos.”
Finalmente,
en fecha más reciente, indicaba lo que pienso que tarde que temprano habrá de
ocurrir en nuestro país:
“En
esta lucha no se trata simplemente de sustituir a un régimen; se trata del
rescate al derecho de decidir qué clase de sistema y de gobierno los
venezolanos queremos tener en nuestro país. Se trata de la lucha de la
Venezuela decente contra una banda de improvisados y de forajidos, que en el
curso de los últimos 18 años se han encargado de destruir a nuestro país;
que se han enriquecido en el marco de la
más grande mafia de corruptelas de la que hayamos podido tener noticias en nuestro país. En fin, se trata de reemplazar
la barbarie, por la justicia y la libertad, y del rescate de nuestra dignidad
pisoteada por este régimen oprobioso y criminal.
Ha
quedado demostrado, de todas las formas posibles, que en Venezuela se enseñorea
una dictadura, con todos los males que arrastra, y es a esa dictadura la que
hemos decidido enfrentar con todas nuestras fuerzas, y que no descansaremos
hasta que podamos desalojar del poder a todos aquellos que han sido causantes
de la peor desgracia que ha vivido Venezuela en toda su historia republicana.
Dios
quiera y no esté equivocado, pero soy de los que piensa que el final está
cerca. No hay forma, ni con la represión más brutal, que se pueda doblegar una
manifestación de resistencia pacífica y un deseo de cambio tan arraigado en el
sentimiento un pueblo que sufre, que no encuentra el sustento básico para su
familia, que no encuentra las medicinas necesarias para salvaguardar la salud
de los suyos, y que está harto de tanta mentira, incompetencia y desfachatez
por parte de un régimen plagado de incapaces y depredadores.”
Luego
de permitirme la licencia de citar algunas de mis reflexiones pasadas, solo fue
con el propósito de indicar todo lo reiterativo que he sido en el planteamiento
de fondo, cual no es otro que la unidad, unidad a toda costa, por manera que
con una sola voz y un solo y legítimo liderazgo, se puedan reagrupar, no solo
voluntades, sino las acciones necesarias, que aunadas al respaldo y al apoyo
internacional, que aún tenemos, puedan finalmente alinearse los esfuerzos
comunes para el logro del objetivo, que no es otro que el cese de la
usurpación.
Venezuela
no se merece otra cosa que no sea la indoblegable voluntad de sus líderes para
alcanzar las metas trazadas. Ya habrá tiempo para que cada quien, ya sean
personas individuales, u organizaciones políticas, puedan plantear y someter al
soberano, que no es otro que el pueblo venezolano, sus respectivas visiones de
la Venezuela que proyectan hacia el futuro; para que sea este el que en unas
elecciones libres, transparentes y democráticas decida sobre el futuro del
país.
Concluyo,
como bien lo decía el maestro Rómulo Gallegos en su obra inmortal “Doña Bárbara”,
esa es la tierra, Venezuela, tierra de gracia ,”propicia para el esfuerzo como
lo fuera para la hazaña, tierra de horizontes abiertos donde una raza buena ama,
sufre y espera……”
Flavio
Príncipe
Weston,
Florida Junio del 2019