Friday, June 28, 2019





VENEZUELA:TIERRA DE GRACIA



Hace ya bastante tiempo que no escribo sobre Venezuela, algo así como 10 meses, y ello ha tenido una razón. En primer lugar me dediqué a la tarea de recopilar todo lo que había escrito sobre Venezuela hasta una fecha dada, y de allí surge un libro recién publicado que titulé “Reflexiones sobre Venezuela 2004-2019”.

Por otra parte, me impuse otra limitante asociada al hecho que los acontecimientos en nuestro país son de tal naturaleza variable, que uno podría escribir algo a diario, y aun así no recoges la totalidad de lo que acontece cada día. No fue sino hasta los eventos que ocurrieron en el país después del 10 de enero del corriente año, con la designación, por una parte de la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional legítimamente electa en el año 2015; y por la otra porque para esa fecha se juramentó para otro periodo constitucional el ilegítimo presidente Nicolás Maduro, haciéndolo frente al también ilegítimo Tribunal Supremo de Justicia, y no frente a la Asamblea Nacional como lo dispone la Constitución Nacional.

Ahora bien, en estos meses me he debatido en escribir sobre lo que ocurre en nuestro atribulado país, pero he estado esperando que ocurriese algo que fuera el disparador necesario, para expresar no solo lo que siento, sino lo que pienso sobre el discurrir venezolano. Otro aspecto que me ha limitado ha sido el hecho de que mi visión sobre Venezuela es la de alguien que se encuentra fuera del país desde hace casi 19 años, ello de por si pudiera parecer una fuerte limitación para poder analizar lo acontecido con la necesaria imparcialidad y sobre todo con el conocimiento de causa de todas las calamidades que ha sufrido y sufre el pueblo venezolano.

Me he pronunciado sobre lo que atañe a mi país desde hace muchos años, y he seguido y sigo muy de cerca todo lo que allí ocurre, por los diferentes medios a mi alcance, ya sean estos escritos o audio visuales o simplemente por las apreciaciones de familiares y amigos que sufren esas vicisitudes día a día; de allí que puedo decir que estoy muy al tanto de lo que ocurre, y es por ello que puedo atreverme a opinar sobre todos sus avatares en este doloroso proceso.

Como sabemos, La Asamblea Nacional designó una nueva Junta  Directiva, quedando la presidencia en manos del dirigente de Voluntad Popular Diputado Juan Gerardo Guaidó Márquez, quien asumió la Presidencia, con una idea muy clara de cualquier sería su rol en el inicio de un proceso que pudiera conducir al país a la reconquista de su libertad.
Así tenemos que para el 23 de Enero de este año, el entonces diputado Guaidó, en estricto cumplimiento del mandato constitucional contenido en el artículo 233, interpretado en conjunto con el artículo 333 de la Constitución Nacional, se juramentó frente al pueblo venezolano como Presidente Interino de la República, con una sola misión, cual era la de rescatar el orden constitucional violentado con la juramentación de una persona como presidente en forma inconstitucional e ilegítima, por ser producto de unas elecciones írritas e igualmente ilegítimas, y con el aval y respaldo de una asamblea nacional constituyente igualmente inconstitucional e ilegítima. Frente a esta ausencia absoluta  del presidente, corresponde al Presidente de la Asamblea Nacional asumir interinamente el cargo, para iniciar una etapa de transición que conduzca a la convocatoria de unas elecciones libres en Venezuela.

Desde el inicio, el Presidente Interino Juan Guaidó fue claro y rotundo en marcar cual sería la ruta para ese rescate del orden constitucional, y no es otro que lograr el cese de la usurpación del poder por parte del presidente Maduro, quien no ostenta ni tiene legitimidad constitucional para ejercer dichas funciones; por otra parte, logrado el cese de la usurpación formar un gobierno de transición  como segundo paso, y un paso final que sería la convocatoria de unas elecciones libres en Venezuela.

Como sabemos, inmediatamente después de la juramentación del Diputado Guaidó como Presidente Interino de la República, este fue inmediatamente reconocido como tal por más de 50 países del mundo , incluyendo los Estados Unidos de América, y la casi totalidad de los países de la américa hispana, y otros países de Europa. Ese reconocimiento del Presidente Guaidó, no solo le confería legitimidad mayor a su simple asunción del cargo, sino que reiteraba el no reconocimiento del presidente Maduro como presidente de Venezuela.

A partir de allí, se han desatado cualquier cantidad de acontecimientos, de diversa índole y naturaleza, que será harto difícil reseñarlos todos en este apretado resumen. Sin embargo, lo intentaremos al referirme ahora a lo que, a mi juicio, ha sido lo más relevante durante estos largos casi 5 meses.

En primer lugar, el surgimiento de un líder. Eso por si solo ha dado lugar a que las esperanzas dormidas de los venezolanos resurgieran y se aglutinaran alrededor de una figura, no solo circunstancial, pero al mismo tiempo providencial. Digo esto porque se trata de un joven líder político, carismático, entusiasta, enérgico, valiente, sereno y con el coraje suficiente para asumir esta tremenda responsabilidad, cual es la de ser el conductor de este difícil proceso que permita lograr el cese de la usurpación, formar un gobierno de transición, para poder ir finalmente a unas elecciones libres en Venezuela. Ese joven ha iniciado una cruzada, con muchos vientos en contra, pero con mucha valentía y coraje, para enfrentar todas las adversidades que se ha encontrado, y que todavía va a encontrar en su camino.

Todo este proceso de cambio ha pasado por innumerables pruebas, desde las amenazas del gobierno no solo contra él y su familia, sino contra muchos líderes de la oposición, muchos de los cuales están hoy presos, solo por apoyar este proceso y simplemente disentir de la posición del gobierno. Se han fraguado cualquier cantidad de trampas y triquiñuelas, algo en lo que el gobierno es muy habilidoso, para torpedear todo lo que pueda implicar un cambio sustancial y radical en el país.

Con el liderazgo del Presidente Guaidó, se han ido, en sus propias palabras, construyendo las capacidades que nos permita lograr, en primer lugar, el cese de la usurpación; al fin y al cabo por allí empieza todo y de allí se iniciarán los otros pasos, para culminar en las elecciones libres que aspiran todos los venezolanos.

Es preciso destacar que este no ha sido un camino fácil, por el contrario, difícil y tortuoso; aun así, se han logrado muchas cosas de relevante importancia. El reconocimiento del Presidente Guaidó como el Presidente legítimo de Venezuela por más de 50 países del mundo. El apoyo irrestricto de la mayoría de los países de américa latina, expresados colectivamente en el Grupo de Lima. El respaldo amplio de la Comunidad Económica Europea , pero sobre todo del parlamente europeo, y así de muchas otras entidades, grupos de opinión, personalidades a nivel mundial; en fin todo un conglomerado, que de alguna forma han puesto en el tapete de la noticia mundial a nuestro país. Obviamente, lo que más ha determinado esta presencia a diario de Venezuela en todos los medios de comunicación mundial, es fundamentalmente su crisis humanitaria, desconocida por el régimen de NM, y que continua agravándose, con el consiguiente sufrimiento del pueblo venezolano. La crisis migratoria, que ha implicado que alrededor de 4 millones de venezolanos hayan huido de su país , debido al hambre, la inseguridad, la salud, y sin el beneficio de los más elementales servicios básicos que todo gobierno responsable debe proveer a sus ciudadanos.

Toda esta cruenta crisis se agrava día a día, en estos últimos tiempos lo que ha hecho es agravarse aún más, y sin que aparezca una solución al corto plazo. Cualquier solución tiene necesariamente que pasar por la salida de Maduro del poder en Venezuela, todo lo cual permitirá, que se puedan dar los pasos para que un nuevo gobierno de transición tome las medidas de urgencia que permitan solventar lo más urgente en términos de salud, medicinas, alimentos y seguridad, que hoy padecen una ingente mayoría de los venezolanos.

En todo este camino ha habido aciertos, pero también errores. Decir lo contrario sería pretender tapar el sol con un dedo. Las estrategias diseñadas, no todas, no han tenido el impacto o han logrado el resultado deseado. La propuesta para la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela desde Colombia generó una esperanza para muchos venezolanos que vieron allí la posibilidad de que, no solo que pudieran entrar a nuestro país alimentos y medicinas, y otros insumos básicos, sino también la posibilidad de que se resquebrajara la estructura militar, y se rompiera el apoyo que hasta ese momento había tenido el gobierno usurpador. No fue así, y por el contrario, a pesar de algunos elementos de las fuerzas armadas, que se han identificado y puesto a la orden del Presidente Guaidó, la llamada cúpula militar se mantiene aún fiel a NM, y ello le ha permitido , a pesar de su debilidad, mantenerse, por ahora, en el poder.

Por otra parte, los eventos ocurridos el pasado 30 de abril, que incluyo la liberación de Leopoldo López, y una supuesta manifestación de las fuerzas armadas en apoyo al Presidente Guaidó, que provocaría la salida del dictador Maduro, tampoco tuvieron el efecto deseado. Algo falló , y el caso es  que Maduro sigue en el poder.

He escrito sobre Venezuela desde hace muchos años, y en todos mis escritos, tratando de no ser muy crítico sobre los diferentes actores involucrados, no he dejado de expresar alguna opinión sobre lo que creo es la base fundamental de este proceso, cual es la unidad de propósitos, para el logro de un objetivo común. Tristemente son muchos los intereses involucrados, y por ello se hace más difícil articular soluciones concertadas que pudiesen tener el efecto deseado, cual no es otro que la salida del poder del usurpador Nicolás Maduro.

Así ya dije en Febrero del 2016 lo siguiente:

“Es la hora de la unión de voluntades, de propósitos comunes, de visión de futuro, de que nuestros líderes entiendan que Venezuela les ha brindado una oportunidad para que canalicen un proceso de recuperación del país y con el, de su eventual reconstrucción. Como he dicho antes, tenemos la gente, el talento y la fuerza emprendedora para salir adelante. Los recursos están ahí, y solo tenemos que hacer el uso correcto de ellos para iniciar el lento, doloroso y arduo proceso de reformulación de nuestro sistema democrático y regresemos a convertirnos en el país que siempre fuimos. Un país noble, generoso, hermanado a pesar de sus diferencias, trabajador y valiente, y decidido a encontrar su destino para el bien de nuestras futuras generaciones.”

En Marzo de ese mismo año, escribía:

 “Es preciso tomar acciones más aceleradas que permitan se produzca un cambio de régimen lo antes posible. Sí, por supuesto, en forma democrática, pero no por ello, en forma que permita al Gobierno reagruparse y continuar envalentonándose para una confrontación con los opositores. Por el bien del país y de su gente, es necesario que a la brevedad se produzca el ansiado cambio. Ya la gente no aguanta más una situación que los ha llevado a la máxima desesperación.
El proceso es demasiado lento, y eso no es necesariamente una crítica, pero si un alerta a nuestros dirigentes a ser más proactivos en agilizar los mecanismos para que el cambio se produzca efectivamente
A esta satrapía de rufianes, charlatanes y bravucones de barrio, empezando desde el Presidente Maduro hacia abajo no se les puede dar más chance. El cambio es ahora. Cualquier tardanza será en detrimento de todos los Venezolanos que aun sueñan por una Venezuela donde prevalezca la justicia y la libertad.”
“De igual modo en Marzo del 2016 comenté lo siguiente:
Ahora resulta que la representación de nuestra oposición, se encuentra cada vez más enredada en sus propias posiciones internas, sus apetencias electorales, sus preconcebidos cálculos políticos, que a cada organización dentro de la MUD, les convenga, para ocupar espacios de poder en un eventual nuevo gobierno. Todo eso le ha permitido al Gobierno, replegarse, contratacar, siguiendo un poco lo predicado por Chávez, y recomendado por los estrategas Cubanos, que al fin y al cabo son los que imparten las órdenes a todos los niveles en nuestro País.
Resulta que en medio de esta aguda, insostenible y aberrante crisis que viven los Venezolanos, nuestros dirigentes de oposición, con honrosas excepciones, se debaten y antagonizan en función de sus verdaderos objetivos de hacerse con el gobierno, poniendo sus propios intereses personales o particulares de cualquiera de los partidos que allí hacen fila, para determinar quién va a ser el abanderado de ese grupo en una futuras elecciones presidenciales.
Lo anterior resulta, para mí por lo menos, indignante, que nuestros dirigentes se desgasten en resolver sus diferencias conceptuales e ideológicas, amén de otras más personales y específicas, en lugar de estar amalgamados en el logro de un objetivo común, cual es el de poder deshacernos de este Gobierno y régimen forajido, que ha gobernado a Venezuela por los últimos 17 años.”
El camino se nos presenta lleno de dificultades, y habrá que sortear todos esos obstáculos para poder reiniciar el camino en donde los venezolanos  se reencuentren en un abrazo fraterno, lleno de solidaridad y buena voluntad, para dar inicio a la reconstrucción de Venezuela. El problema no será solo económico, y ese es más fácil de resolver, como lo hicieron en el pasado países arrasados por las guerras, pero que supieron enfrentar esas dificultades y superarlas, con las ayudas solidarias de otros países que estuvieron prestos a dar una mano en ese proceso.
Lo más difícil será iniciar el camino para la recomposición social del país; el camino de la reconciliación y el dialogo; y más importante aún el camino de una renovada educación a todos los niveles, desde la infancia hasta la universidad, por manera de asegurar que las futuras generaciones de venezolanos serán formados en un entorno de valores, que los conviertan en ciudadanos íntegros, que amen a su País, que sean respetuosos de las instituciones y de la democracia, como el sistema más idóneo para el crecimiento personal y profesional de los ciudadanos; un país orgulloso, de gente honesta y trabajadora, que con su esfuerzo creador, serán capaces de forjar la refundación de Venezuela, como un país de punta en el conglomerado de naciones del mundo. Eso es lo que deseo para mi Patria, que hoy encuentro perdida en la inmensidad de la barbarie y de la ignominia”.

En Julio del 2016 señalaba:

“Como vemos, con el pasar de los días, seguimos de sorpresa en sorpresa, y sin mucha certeza de las novedades del día siguiente. Por una parte, solo vemos las manifestaciones de un Gobierno desesperado que se aferra al poder a cualquier precio, sin importarles las consecuencias nefastas de sus actos y de las consecuencias que se deriven de los mismos; sin embargo, por la otra parte vemos a un indoblegable y noble pueblo, que a pesar de sus carencias y necesidades, de sus pesares y de su tristeza, de sus calamidades y de su impotencia, se mantiene firme en sus convicciones, pacífica y responsablemente, junto a sus líderes naturales, empeñados en lograr el ansiado cambio, en la forma menos cruenta y dañina posible, para todos los Venezolanos.
No tengo dudas, a pesar de que en ocasiones me anime el pesimismo, de que saldremos adelante, que seremos capaces de deshacernos de este ignominioso régimen, y que podremos iniciar, con fortaleza y en paz, con coraje y valentía, y con una inmensa fe en nuestras capacidades para reconstruir nuestro país, y asi abrir las puertas que nos permita transitar por caminos de libertad, justicia, progreso y bienestar para todos sus ciudadanos.”

Ya para Julio del 2017 comentaba lo siguiente:

“En mi caso, lo que si me interesa es manifestar mi convicción de que la lucha sigue, y que esta no cesará hasta que logremos el anhelado cambio que clama Venezuela. Será  una lucha cada vez más cruenta y dolorosa; habrán muchas más víctimas, y muy tristemente ese será el altísimo precio que tendremos que pagar para recobrar nuestra libertad.
Para ellos es un asunto de supervivencia, donde mantenerse en el poder a costa de lo que sea, es lo que les garantiza inmunidad frente al incontable número de delitos y fechorías de toda índole que han cometido en el ejercicio del poder.
Para nosotros, es un asunto de valores, de convicciones, de rescate de nuestra democracia pisoteada, de deshacernos de un gobierno que pretende imponer un régimen político y económico diseñado por otros, y someternos al dominio de un invasor entronizado en las altas esferas del gobierno, para llevar al país al establecimiento de un estado comunista en América Latina .
Como vemos, aunque la lucha parezca desigual, la historia nos ha dejado maravillosos ejemplos que demuestran que este tipo de regímenes dictatoriales, siempre han terminado hundiéndose en su propio estiércol, donde habrán de pagar todo el daño que le causaron a nuestro país.
No nos engolosinemos con salidas milagrosas, ni mucho menos con fantasías propuestas por los ilusos e interesados de siempre; nuestra lucha sigue siendo la misma, aquella que facilite el camino para la realización de una elecciones libres, pacíficas y democráticas, por manera que el pueblo, como único destinatario de la soberanía nacional, decida qué clase de gobierno y de sistema político quiere para nuestro país. Cualquier opción intermedia, no pasa el más mínimo y riguroso análisis político y legal.
Estoy más que consciente que mi condición de encontrarme en el exterior, no me permite referirme a las acciones que han tomado nuestros dirigentes, el camino que han escogido, y las estrategias diseñadas para el logro de los objetivos trazados; pero lo que si me es permisible es opinar sobre lo que yo creo, sin criticar ni cuestionar a nadie; por el contrario, respetando siempre lo que piensan y determinan otros sobre el terreno de los acontecimientos.”

Finalmente, en fecha más reciente, indicaba lo que pienso que tarde que temprano habrá de ocurrir en nuestro país:

“En esta lucha no se trata simplemente de sustituir a un régimen; se trata del rescate al derecho de decidir qué clase de sistema y de gobierno los venezolanos queremos tener en nuestro país. Se trata de la lucha de la Venezuela decente contra una banda de improvisados y de forajidos, que en el curso de los últimos 18 años se han encargado de destruir a nuestro país; que  se han enriquecido en el marco de la más grande mafia de corruptelas de la que hayamos podido tener noticias en  nuestro país. En fin, se trata de reemplazar la barbarie, por la justicia y la libertad, y del rescate de nuestra dignidad pisoteada por este régimen oprobioso y criminal.

Ha quedado demostrado, de todas las formas posibles, que en Venezuela se enseñorea una dictadura, con todos los males que arrastra, y es a esa dictadura la que hemos decidido enfrentar con todas nuestras fuerzas, y que no descansaremos hasta que podamos desalojar del poder a todos aquellos que han sido causantes de la peor desgracia que ha vivido Venezuela en toda su historia republicana.

Dios quiera y no esté equivocado, pero soy de los que piensa que el final está cerca. No hay forma, ni con la represión más brutal, que se pueda doblegar una manifestación de resistencia pacífica y un deseo de cambio tan arraigado en el sentimiento un pueblo que sufre, que no encuentra el sustento básico para su familia, que no encuentra las medicinas necesarias para salvaguardar la salud de los suyos, y que está harto de tanta mentira, incompetencia y desfachatez por parte de un régimen plagado de incapaces y depredadores.”

Luego de permitirme la licencia de citar algunas de mis reflexiones pasadas, solo fue con el propósito de indicar todo lo reiterativo que he sido en el planteamiento de fondo, cual no es otro que la unidad, unidad a toda costa, por manera que con una sola voz y un solo y legítimo liderazgo, se puedan reagrupar, no solo voluntades, sino las acciones necesarias, que aunadas al respaldo y al apoyo internacional, que aún tenemos, puedan finalmente alinearse los esfuerzos comunes para el logro del objetivo, que no es otro que el cese de la usurpación.

Venezuela no se merece otra cosa que no sea la indoblegable voluntad de sus líderes para alcanzar las metas trazadas. Ya habrá tiempo para que cada quien, ya sean personas individuales, u organizaciones políticas, puedan plantear y someter al soberano, que no es otro que el pueblo venezolano, sus respectivas visiones de la Venezuela que proyectan hacia el futuro; para que sea este el que en unas elecciones libres, transparentes y democráticas decida sobre el futuro del país.

Concluyo, como bien lo decía el maestro Rómulo Gallegos en su obra inmortal “Doña Bárbara”, esa es la tierra, Venezuela, tierra de gracia ,”propicia para el esfuerzo como lo fuera para la hazaña, tierra de horizontes abiertos donde una raza buena ama, sufre y espera……”

Flavio Príncipe

Weston, Florida Junio del 2019








   


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