Friday, June 3, 2016

YA NI PROVOCA

La verdad, es que ya ni provoca escribir sobre Venezuela. En años y meses recientes he escrito varias reflexiones sobre lo que pienso en relación a lo que acontece en mi atribulado país.

Desde la trilogía de los sueños que comenzaron por allá en el año 2004, hasta el presente, con reiterados comentarios sobre el devenir Venezolano de estos días Cuando menciono que ya ni provoca escribir sobre Venezuela, es porque me anima la frustración y el desaliento cuando observo por, circunstancias muy personales, desde lejos, lo que cada día ocurre en mi país.

Quisiera poder elaborar sobre un panorama más alentador, pero tristemente ello hoy no es posible. La situación de Venezuela es cada vez más crítica y desoladora que nunca. Muy desafortunadamente me toca repetir lo que ya decía en el año 2014, “ en todos estos últimos  años lo que hemos visto es como la ignominia, la barbarie, la insensatez, la incompetencia, la deshonestidad y todas aquellas otras lacras que se enseñorean en Venezuela, hasta convertirla en lo que es hoy, que es casi equivalente a decir, un país hundido, deteriorado hasta los tuétanos en lo físico-material, pero más grave aún, en lo moral e intelectual; un hueco profundo del que solo podremos salir a través de un titánico esfuerzo colectivo que inicie el proceso de rediseño y reconstrucción de un país nuevo, diferente, donde los valores del espíritu sean la guía y el norte que oriente las acciones de sus dirigentes y de sus ciudadanos”.

Ya estamos en el 2016, y la insensatez y la sinrazón continua más que nunca presente en nuestro país. Un país en absoluta quiebra material y moral; un país donde los niños, y personas con enfermedades de alto cuidado, mueren todos los días por la ausencia de medicamentos que les permita afrontar sus delicados problemas de salud; un país donde la gente, léase el pueblo, cada día tiene que salir a luchar para conseguir, si es que ello es posible, la comida necesaria para alimentar a su familia; un país donde para salir a la calle hay que armarse de mucho valor, por el temor a ser víctima del hampa y la delincuencia desatada, que impunemente actúa a lo largo y ancho del país, ante la mirada imperturbable de las autoridades llamadas, por mandato constitucional y legal, a brindar protección a sus ciudadanos; un país en el que los órganos del poder público están más que prestos a favorecer las iniciativas de este gobierno fallido, delincuente y mafioso, en contra de los más elementales derechos de todos sus ciudadanos.

Resulta bochornoso y vergüenza debería darles, por el lenguaje procaz, soez e insolente que utiliza el mal llamado Presidente y sus secuaces, para dirigirse a Presidentes de otras naciones, Jefes de Gobierno y autoridades de organismos internacionales, en la medida en que estos manifiesten algún desacuerdo sobre lo que ocurre en Venezuela, o se manifiesten en contra de esta pseudo-ideología dizque revolucionaria, hoy por hoy aborrecida por casi todos los países del mundo.

Inicié esta reflexión señalando que ya ni provoca escribir sobre Venezuela; pero lo que si es cierto es que por razones de principios y hasta por la indignación que me produce ver lo que ocurre con mi país, seguiré, aunque no me provoque, escribiendo sobre el acontecer Venezolano, denunciando, expresándome por cualquier medio a mi alcance, para poner mi granito de arena, desde lejos, en hacer saber al mundo, muchas veces indolente, sobre las barbaridades que día a día envilecen a los Venezolanos.

Todo esto con la esperanza, tal y como lo decía hace unos meses “de ver resurgir a una Venezuela, en donde los que hoy forzados por las circunstancias estamos lejos de ella, podamos regresar con nuestros hijos y nietos, y que ellos puedan aprender a quererla como la hemos querido nosotros, y que a pesar de tener una patria adoptiva que les abrió sus puertas y oportunidades, puedan decir y sentir con orgullo “YO SOY VENEZOLANO” , pero no como un cliché o una frase hueca o vacía, sino llena de contenido por lo que significa pertenecer a un país donde impere una democracia plena, prodiga en oportunidades para todos, un estado de derecho que funcione, y en donde los valores del trabajo, el respeto y la honestidad sean los que orienten el devenir de sus ciudadanos”.

Concluyo esta nota, parafraseando al distinguido columnista Antonio Sánchez García al señalar en su escrito de hoy “saldremos de esta pesadilla sin el auxilio de nadie. Con nuestras propias uñas. O garras, que a la canalla asesina se la debe combatir por todos los medios. Que cada quien asuma sus responsabilidades.”

Junio 3, 2016
FPP


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