LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS
En
días recientes, leyendo la prensa digital, tanto nacional como internacional,
me asaltó una inquietud derivada de la naturaleza de las noticias que estaban
en el orden del día. Noticias estas que se repiten en forma reiterada día tras
día; varían las circunstancias, la magnitud, el país de origen; al fin y al
cabo de lo que se trata es de la identificación de aquellos hechos o eventos
que nos están indicando un cambio sustancial de la vida en nuestro planeta;
pero más importante aún, un cambio en la manera como los seres humanos
conceptualizamos y afrontamos los nuevos retos que nos plantea el Siglo XXI.
Sería
prolijo enumerar la multiplicidad de eventos/ cambios o circunstancias que
ocurren día a día; por ello me limitaré solo a mencionar algunos de ellos, que
permanentemente son noticia o son objeto de atención, ya sea por la comunidad
científica o por la sociedad en general.
Así
vemos cómo va in crescendo la confrontación político-militar y religiosa en el
Medio Oriente, hoy por hoy exacerbada por la presencia cada vez más intensa del
denominado Estado Islámico (ISIS). Este grupo ha logrado en pocos años,
desestabilizar aún más el precario equilibrio en esa región del mundo, con el
agravante de la problemática que ha generado su persecución político-religiosa
a poblaciones enteras, tanto en Irak como en Siria, con la consiguiente crisis
de las migraciones hacia otros países, generándose así una situación inédita en
cuanto a la acogida de refugiados en otros países de Europa y del resto del
mundo. Una manipulada concepción religiosa, utilizada como excusa y con propósitos
hegemónicos; y a través del uso del terrorismo como arma de amedrentamiento de
poblaciones enteras, hoy vemos con estupor como este grupo pretende imponer,
por la fuerza del terror, su concepción política-religiosa al resto del mundo.
Otros
conflictos bélicos, manifestados en diferentes regiones del mundo, y cuando no
son tales, al menos se presentan como una amenaza latente para la seguridad
internacional, como es el caso de Corea del Norte y sus permanentes amenazas de
utilización de armas nucleares, y su retórica reiterada de iniciar una guerra
con Corea del Sur, lo cual, indefectiblemente, involucraría a los EEUU en el
conflicto. Difícil la tarea de lidiar con un maniático, que funge de líder y
del cual se puede esperar cualquier locura de consecuencias catastróficas.
El
denominado cambio climático o calentamiento global. Una verdad que nos viene
agobiando desde hace años, complementada con la indolencia de las grandes
potencias mundiales. Situación que nos agobia y nos apremia. Para nadie es un
secreto la veracidad de lo que por años se ha venido alertando. Finalmente, en
fecha reciente los líderes mundiales han dado un paso importante para iniciar
las medidas de alivio necesarias para palear, al menos, los ingentes daños que
este proceso ha causado y continúa causando a nuestro planeta.
No
deja de ser motivo de preocupación que instituciones de tanta credibilidad como
sería la NASA, hayan informado en días pasados, que es posible esperar que este
año tengamos tal vez el verano más intenso de toda la historia. Todo esto sin
contar con inviernos severos, el deshielo de los glaciares con sus funestas
consecuencias; el efecto invernadero, en fin todas las consecuencias nefastas
que para la tierra está ocasionando la contaminación industrial acumulada a
través de los años.
Las
alteraciones de todo orden en el plano social. Los conflictos sociales que se
generan cada vez con más frecuencia, como consecuencia de las cada vez más
crecientes desigualdades sociales entre los diferentes estratos de la sociedad.
El hambre como una derivación de esas desigualdades, los problemas sanitarios,
las enfermedades endémicas, el resurgimiento de enfermedades que se creían ya vencidas,
la contaminación ambiental a nivel global, la contaminación de las aguas de los
ríos y de los océanos, con todos los daños que implica a la flora y la fauna
marina; en fin podríamos no parar mencionando tantos problemas que afectan al
humanidad en su conjunto, que de no tomarse ahora las acciones necesarias para
su corrección, estaríamos dejando un desastroso legado a las generaciones del
futuro.
Si
todo lo anterior no representa una amenaza abierta para la subsistencia de la
humanidad, al menos como la concebimos hoy en día, entonces quiere decir que
estamos adentrándonos en el ciclo que anuncia el fin de la vida en el planeta,
al menos como lo hemos experimentado hasta hoy.
No
será que es hora de atender al llamado bíblico, como una invitación a la
atención constante a los signos de los tiempos, los cuales deben interpretarse
como lo señalara el Papa Juan XXIII en su encíclica “Pacem inTerris”, que deben
entenderse como “una nueva forma de interpretación de las manifestaciones de
Dios en las mediaciones humanas, particularmente, la historia, concretamente,
las realidades sociales, políticas, religiosas y culturales del mundo y de la
Iglesia.”
Lo
anterior no representa una visión apocalíptica de lo que pudiera ocurrir en la
tierra en algún momento en el tiempo, representa, por el contrario, una acuciante
realidad que toca nuestras vidas todos los días; de allí el sentido de urgencia
a las acciones que debemos tomar todos, sin excepción, para contribuir a
salvar, de ser ello posible, este minúsculo espacio en el cual nacimos y
vivimos, que llamamos nuestro hogar.
Mayo
31, 2016
FPP
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