LA AURORA DE UN NUEVO AMANECER
Cada
día que pasa me digo a mi mismo que hoy es el día para escribir de nuevo sobre
lo que acontece en nuestra atribulada Venezuela. Cada día quisiera cerrarlo, y
poder escribir hasta ese momento. Ello no es posible; son tantos, continuos y
sorprendentes los acontecimientos, que no hay forma de hilvanar una cadena de
sucesos, para luego sacar conclusiones de algún valor.
Cada
día es tal el nivel de información, que son tantas las cosas que quisiera
decir, que no sé por dónde empezar.
En
todo caso, empezaré diciendo ”lo primero que viene a mi mente y es “Gracias”,
gracias a la Venezuela buena, noble y generosa; gracias a nuestros jóvenes que
cada día entregan su alma, sus esfuerzos, sus esperanzas, y hasta su vida, por
un futuro mejor para ellos y para las generaciones futuras; gracias a todos los
venezolanos que sin distingos de edad, clase o condición social, hoy luchan
denodadamente, sin cesar, por una Venezuela libre y soberana; gracias a las
mujeres venezolanas que también sin descanso y sin tregua se han incorporado a
esta lucha terminal por nuestro futuro como país; y por último gracias a
nuestros dirigentes, los de antaño y los de hoy, que con su valentía y decisión
se han erigido en líderes de este maravilloso movimiento de masas, y que hoy
conducen, sin dobleces, al pueblo venezolano a la conquista de su mejor futuro.
Lo
que hemos visto en los últimos casi dos meses en Venezuela, no tiene parangón
en la historia republicana de nuestro país; un país de pie, luchando solo con
sus ideales, sin pausa, sin descanso y sin tregua, en contra de un régimen
dictatorial, ya sin caretas, encabezado por un payaso y títere del gobierno
Cubano, junto a la satrapía de sus colaboradores de su misma calaña.
Un
régimen que ha desnudado ante el mundo
su talante antidemocrático, autoritario, criminal y despótico, y que solo a
través de una brutal represión pretende imponerle a la mayoritaria voluntad del
pueblo venezolano una Asamblea Nacional Constituyente a todas luces violatoria
de la Constitución y de sus principios básicos, en cuanto a que la soberanía
reside en el pueblo y es este a través del voto quien puede determinar si es su
voluntad o no, de ir a una Asamblea Nacional Constituyente para el
refundamiento de la República.
Esa
patraña fraudulenta, mediante la cual el régimen pretende legitimar su
permanencia en el poder a perpetuidad, ha encontrado los cómplices perfectos en
las 4 comadres del Consejo Nacional Electoral, quienes asombrosamente
“diligentes” se apresuraron a aprobar las bases comiciales sometidas por el
Presidente de la República, y a movilizar el aparato electoral para la constitución
de una Asamblea Nacional Constituyente para el 31 de Julio del corriente año.
Ello
no ocurrirá, y será así gracias a la indoblegable voluntad de la mayoría del
pueblo venezolano, que impedirá tamaño desafuero jurídico e institucional. No
es posible que un puñado de delincuentes puedan determinar a su antojo el
futuro de nuestro país, y que a lo Jalisco pretendan imponernos un régimen que
en definitiva sería copia fiel y exacta del régimen cubano, quienes son los que
controlan y diseñan las políticas y las estrategias para el logro de tales
objetivos.
Yo
no sé cuantos más muertos el régimen ha decidido tienen que ocurrir, para
engrosar su ya larga lista de jóvenes asesinados, como consecuencia de la
brutal represión a la han sido sometidos por la Guardia Nacional, la Policía
Nacional Bolivariana, y sus secuaces los denominados “colectivos”; lo que si se
es que este proceso es irreversible, y que tarde o temprano se impondrá la
voluntad de un pueblo decidido a recobrar su libertad y la democracia para
Venezuela.
En
esta lucha no se trata simplemente de sustituir a un régimen; se trata del
rescate al derecho de decidir qué clase de sistema y de gobierno los
venezolanos queremos tener en nuestro país. Se trata de la lucha de la
Venezuela decente contra una banda de improvisados y de forajidos, que en el
curso de los últimos 18 años se han encargado de destruir a nuestro país;
que se han enriquecido en el marco de
las más grande mafia de corruptelas de la que hayamos podido tener noticias
en nuestro país. En fin, se trata de
reemplazar la barbarie, por la justicia y la libertad, y del rescate de nuestra
dignidad pisoteada por este régimen oprobioso y criminal.
Ha
quedado demostrado, de todas las formas posibles, que en Venezuela se enseñorea
una dictadura, con todos los males que arrastra, y es a esa dictadura la que
hemos decidido enfrentar con todas nuestras fuerzas, y que no descansaremos
hasta que podamos desalojar del poder a todos aquellos que han sido causantes
de la peor desgracia que ha vivido Venezuela en toda su historia republicana.
Dios
quiera y no esté equivocado, pero soy de los que piensa que el final está
cerca. No hay forma, ni con la represión más brutal, que se pueda doblegar una
manifestación de resistencia pacífica y un deseo de cambio tan arraigado en el
sentimiento un pueblo que sufre, que no encuentra el sustento básico para su
familia, que no encuentra las medicinas necesarias para salvaguardar la salud
de los suyos, y que está harto de tanta mentira, incompetencia y desfachatez por
parte de un régimen plagado de incapaces y depredadores.
Ya en diversas oportunidades he publicado
reflexiones sobre lo que quisiera o espero para mi país. Por allá en el año
2004 me pronuncié por primera vez, por escrito, sobre cuales eran mis
sentimientos y pensamientos sobre lo que ocurría en Venezuela en ese momento.
En
ese entonces escribí: “Es la
hora de la verdad, es la hora de contraponer el dolor con la alegría, la
tristeza con la esperanza, y es la hora de decirle al mundo que somos un solo
pueblo, un solo país, una sola nación luchando palmo a palmo, sin tregua y sin
descanso para liberar a Venezuela de esta horrenda pesadilla.
Es la hora de soñar, de soñar por una Venezuela
posible y anhelada. Tenemos todo, lo primero su gente, quienes con su capacidad
creadora serán capaces de reconstruir un país; tenemos los recursos que la
Providencia ha puesto en nuestra tierra y sobre todo tenemos la voluntad para
renacer de las cenizas y hacer de Venezuela el país que todos soñamos tener.
Es la hora de nuestros hijos, la hora de dar un paso
al frente, con coraje, con valentía y con la dignidad que les permita rescatar
lo que les pertenece por derecho propio y que nunca les debió ser arrebatado.
Es la hora de soñar y de creer en un país distinto,
en donde quepamos todos los venezolanos, con nuestras diferencias; un país que
sea ejemplo de democracia real, de funcionarios probos, de una administración pública
eficiente, de servicios públicos que funcionen; un país donde la solidaridad
con los demás no sea un slogan político sino una obligación moral para con
nuestros compatriotas y arraigada en el corazón; un país donde nuestros hijos y
nietos puedan vivir en libertad, donde tengan oportunidades de crecimiento
personal y profesional; un país donde existan y funcionen las instituciones; un
país donde impere el estado de derecho y sobre todo la justicia, pero no una
justicia vacía sino aquella que tenga contenido social y sea igual para todos;
un país abierto, sensible, moderno y donde no existan diferencias ni odios,
sino la voluntad y el esfuerzo colectivo y creador para hacerla cada vez más
grande y próspera; en fin un país donde valga la pena vivir y luchar.
Me pregunto, Es que acaso los sueños no son
posibles? En la madurez de mis años he
aprendido que los sueños cuando se corresponden con una realidad tangible y en la
cual se pueda ser un actor principal, por supuesto que son posibles y para ello
solo requerimos el valor, el coraje, la determinación y la voluntad sincera de
hacer lo que cada uno de nosotros tiene que hacer con sinceridad, con
honestidad, sin egoísmos, en un mismo esfuerzo como nación para lograr la meta.”
Hoy veo con orgullo de Venezolano, un país de pie,
noble y valiente, y dispuesto a participar activamente en la construcción de
una nueva Venezuela.
Hoy como hace 13 años, esos pensamientos siguen vigentes
y no era más que la idealización de un sueño, cuyo cumplimiento ya se asoma en
el horizonte, anunciando luminosamente LA AURORA DE UN NUEVO AMANECER.
FPP
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