Friday, September 22, 2017



LOS RECUERDOS



Por esas cosas de la vida, de repente me detuve y me percaté que desde hace algún tiempo afloran a mi mente multitud de recuerdos de diferentes épocas de mi vida. Me pregunte? Y ello por qué. Es que acaso el recordar se convierte en alguna etapa de nuestras vidas, en una oportunidad de revisar a fondo nuestro transitar terrenal.

Hay recuerdos gratos, algunos realmente hermosos, otros no tanto, y recuerdos trágicos, dolorosos, pero al fin y al cabo, no son más que un reflejo de todo por lo que hemos pasado. Desde nuestra infancia, cuando jugábamos carritos o montábamos caballo en el muro de la casa, o de cuando diseccionábamos lagartijas y las poníamos en formol para regocijarnos con su estructura. Cuando íbamos al Coney Island y comíamos cotufas y algodón de azúcar, y no teníamos que preocuparnos de la diabetes.

A medida que fuimos creciendo, se van agolpando los recuerdos de otra naturaleza; el jugar con pelota de goma en la calle,  donde las alcantarillas del agua eran las bases y había que esperar que pasaran los carros para continuar jugando, cuando íbamos al cine y nos quedábamos dentro al terminar, para ver de nuevo la misma película gratis. Cuando ya adolescentes tuvimos nuestro primer amor, al principio absolutamente platónico, porque nuestro temor y timidez nos impedía decirle nada a aquella persona que nos quitaba el sueño. Cuando ya teníamos la valentía de ensayar aquello de “tu me gustas, quieres ser mi novia”, entonces venía la emoción del primer beso, el abrazo por los hombros, la ida al cine a escondidas, y estar toda la película con las manos entrelazadas sudando, pero del susto o de la emoción.

Que época aquella cuando empezamos a pensar en nuestro futuro, en sobre lo que queríamos ser, policía , bombero, médico , ingeniero, abogado, lo que fuera, pero con la ilusión de poder ver materializados esos deseos o aspiraciones. Nuestro encuentro con la necesidad de aprender cada vez más para ser personas formadas, educadas y cultas. Esa era la época en que nuestros padres se desvelaban por convertirnos en mejores personas y de prepararnos para la vida, porque ellos sabían que algún día no estarían, y teníamos que estar listos para enfrentarnos a nuestra propia realidad.

Cuando ya fuimos a la universidad, todavía muy jóvenes, llenos de energía y entusiasmo, pero también llenos de dudas, temores y sobre todo de mucha inmadurez; sin saber realmente que era lo que estábamos buscando. Toda una época llena de hermosos recuerdos, los compañeros de clase, los primeros encuentros amorosos, nuestra primera experiencia , el descubrimiento del alcohol como desinhibidor de voluntades; nuestros profesores, en fin todo un cúmulo de experiencias que nos fueron forjando y preparándonos para enfrentar la realidad de nuestra existencia. Para esos momentos, todavía sin muchas responsabilidades, y como decían nuestros padres, lo único que te pedimos es estudiar, y no por nosotros sino por ti mismo. Cuanta verdad en esa frase, efectivamente los padres entregan su vida y su alma por darle a sus hijos lo más importante, el más preciado legado, que no es más que una buena educación, y un baúl de valores de todo orden, morales, de conducta, y de forjamiento de personalidades sólidas, que nos dieran el armamento necesario para enfrentarnos con éxito a los retos de la vida.

Obviamente, cada quien tenía que vivir sus propias experiencias, y aprender de ellas, y nadie aprendía de la experiencia de los demás. Eso es así, aun en la vida adulta, cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas, y no somos capaces de reconocer lo valioso de la experiencia de otros, para no cometer los mismos errores. Eso pasa con nuestros hijos, a quienes tratamos de transmitirles toda esa experiencia acumulada a través de los años, pero que sabemos no aplicarán hasta tanto no reciban su primera frustración porque algo no salió como esperaban.

La vida está llena de recuerdos, de sorpresas, de alegrías, de sinsabores, de dudas, de temores, pero también de todas las cosas buenas vividas y compartidas con seres queridos, sean estos tus padres, tu esposa, tus hijos, hermanos, familiares, y tus amigos,  algunos de los cuales te han acompañado en ese transitar a lo largo de muchos años, y se han convertido en tus hermanos de la vida.

Ya en la madurez de mis años, he aprendido, y más que eso, entendido, que la vida es solo eso, una acumulación de experiencias y de recuerdos, de momentos felices, contigo mismo, con tu familia, con tu esposa, con tus hijos, y con todos aquellos que la providencia ha puesto a tu lado para compartir. Eso es lo único que realmente nos llevamos cuando Dios nos llama a rendir cuenta. Eso, los recuerdos de lo vivido, pero también muy importante, lo que dejamos, nuestra impronta en nuestros hijos, porque ellos de alguna manera son un reflejo fiel de nosotros mismos, de lo que les brindamos para ayudarles a crecer, madurar y desarrollarse como personas, para que sean cada vez mejores seres humanos, compasivos y bondadosos, y fieles a sus valores y principios, para que así siga rodando la rueda, porque ellos tendrán que hacer lo mismo con sus hijos, y así sucesivamente.

Hoy día, me siento feliz y satisfecho de haber cumplido con los roles que la vida me asignó, como hijo que amó profundamente a sus padres, como esposo que adora a su familia, a la que he dedicado todo mi esfuerzo, para ofrecerles una vida digna y un espacio para crecer y desarrollarse , a mi adorada esposa, mi compañera de viaje en esta aventura de consolidar un hogar para nuestras  hijas y crearles un espacio para que se convirtieran en las mujeres que son hoy en día, a mis nietos, y a mis amigos, y a todos aquellos que de alguna manera han sido factores influyentes en mi vida. Satisfecho de haber cumplido con mis responsabilidades profesionales con responsabilidad, honestidad y profesionalismo. Creo que lo logré, hoy puedo sentirme orgulloso de mis logros; pero mi logro más importante es haber forjado una familia, junto a mi esposa y seis hijas, que nos han dado diez maravillosos nietos, a quienes amo profundamente.

Como todo en la vida, he tenido mis aciertos y mis errores, pero en el balance creo que la cuenta esta más en el haber que en el debe. En esta etapa de mi vida, he decidido hacer lo que siempre quise, pero nunca hice, cual es escribir sobre lo que pienso y siento, no para regocijarme  con ello, sino como un mecanismo de desahogo a lo que quisiéramos expresar, y no nos atrevemos. Estoy feliz de haberlo conseguido, esta manera de expresarme, no necesariamente para compartirlo, pero si como para dejar asentada, cual ha sido mi manera de pensar, mi filosofía de la vida, mis opiniones o sentires sobre diferentes tópicos de la vida humana, o de circunstancias o eventos del tiempo que me ha tocado vivir; y así, cuando sea llamado a rendir cuentas de mi existencia, quede algo que les proporcione, sobre todo a mi familia, a mis hijas y nietos, elementos de reflexión para el mejor desenvolvimiento de sus vidas. Ojalá en su lectura, encuentren respuestas a las múltiples interrogantes de la existencia. Si solo sirve para eso, estaría más que feliz de que así fuese.

Weston, Septiembre 22, 2017


FPP

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