EL “ESTADISTA” TRUMP
Tengo
varios días debatiéndome sobre cuál debería ser mi próxima reflexión. En las
oportunidades más recientes he escrito sobre mi país, Venezuela, y sus
tribulaciones de todo orden. Muy tristemente hoy puedo decir que estoy
desencantado, por no decir otra cosa, sobre la manera como las cosas se han ido
desenvolviendo en el plano político, y también en cómo se acrecienta la crisis
en todos los órdenes de la vida ciudadana.
Por
esas y muchas otras razones, he decidido regresar a un tema sobre el cual me he
pronunciado antes, y no es más que los últimos o más recientes acontecimientos
que han ocurrido y ocurren en mi país de adopción , los Estados Unidos de América.
En
reiteradas ocasiones he expresado, mucho antes de que ni siquiera fuese
candidato a la Presidencia de este país, sobre lo que pienso del Sr Donald
Trump, y de lo que significaría para los EEUU la gestión que estaría llamado a
realizar como Presidente. No he escatimado en reiterar lo que avizoraba, serían
las consecuencias de elegir Presidente al Sr Trump.
Hace
unos meses me referí a las situaciones o crisis que se habían generado cuando
ni siquiera tenía 100 días como Presidente; ahora toca comentar sobre los últimos
acontecimientos, que lo que han hecho es acrecentar y profundizar muchas de las
situaciones sobre las que habíamos comentado antes.
Es
impresionante observar como en tan pocos meses el Sr Trump, ha tenido la
capacidad de envolver a los EEUU en situaciones controversiales, por decir lo
menos, algunas de ellas más críticas que otras, pero no por ello menos
importantes.
Ciertamente
que el Sr.Trump no se nos ha presentado como el Presidente que muchos de sus
allegados esperaban, por el contrario se ha presentado como lo que siempre ha
sido, un demagogo y un populista, que ha pretendido imponer un estilo de
gobernar que no se corresponde en modo alguno con la tradición y lo que se
espera del líder del país más poderoso del planeta. Por el contrario, no ha
dejado de mostrarse como lo que es, un arrogante empresario, mas no político,
que asume su liderazgo a través de querer imponer a los demás sus pretensiones,
sin considerar la dificultad que tiene la interrelación entre naciones, y la
necesidad de articular políticas coherentes, y en las que debe aproximarse a
obtener apoyos o respaldos de sus aliados naturales, por manera de ser más
fuertes en la defensa de los intereses, no solo de los EEUU, sino del resto de
los países democráticos del mundo.
Por
el contrario, el Sr. Trump ha generado adversarios políticos importantes con
sus posiciones reflejadas en el retiro de los EEUU del Acuerdo de París sobre
cambio climático, por poner un ejemplo. Si a esto le agregamos los otros
eventos al inicio de su gobierno como su enfrentamiento con la prensa; y sus
veleidades guerreristas con Corea del Norte, no podemos menos que estar
preocupados por la forma en que su gobierno se desenvuelve.
Refiriéndonos
a los sucesos más recientes, hemos visto las idas y venidas en cuanto a las
relaciones conflictivas con Corea del Norte, que continúan siendo motivo de
preocupación a todos los niveles a nivel mundial. Las amenazas de uno contra el
otro suponen una escalada en las ya tensas relaciones, poniendo en riesgo no
solo el equilibrio político de la región, sino que mantienen en vilo a la
comunidad internacional en su totalidad, frente a eventuales situaciones que
pudiesen conducir a eventos de impredecibles consecuencias.
Si
a lo anterior le agregamos los conflictos internos derivados de las posiciones
ambiguas del Sr. Trump en relación con las manifestaciones homofóbicas y
racistas de grupos que abogan por la supremacía blanca frente al resto de los
ciudadanos, mejor ejemplo lo tenemos en los sucesos recientes ocurridos en la
ciudad de Charlottesville, en el Estado
de Virginia.
Es
insólito observar como se ha ido desarrollando un sentimiento que pudiese
conducir a una profunda división en la sociedad norteamericana, y que no se
corresponde tampoco con lo que han sido los valores culturales y sociales de un
país de inmigrantes, consagrados esos valores en sus instituciones
fundamentales. No es aceptable que el Presidente mire hacia un lado cuando se
trata de proteger y defender los derechos de los ciudadanos en su globalidad y,
de alguna manera, contribuya a fortalecer, sin decirlo, un movimiento que a la
larga lo que hará será romper con la convivencia pacífica y respetuosa de los
ciudadanos de este país, y a generar una profunda división en la sociedad
norteamericana, también de muy serias consecuencias..
Por
otro lado, que no podríamos decir de los ingentes esfuerzos del gobierno por
acabar en su totalidad con el conocido sistema de salud denominado Obama Care.
No han dejado de insistir, con el apoyo de la mayoría republicana en el
Congreso, en sus pretensiones de eliminar dicho sistema, sin que se tenga claro
lo que ofrecen en sustitución del mismo. Lo único que sí está claro es que tal
circunstancia afectará a millones de personas y familias que ya no podrán tener
un seguro de salud que les proteja.
Por
si lo anterior fuera poco, acabamos de asistir a otro hecho que muestra
claramente el talante de este gobierno, cuando el Presidente anunció el fin del
Programa “Deferred Action for Childhood Arrivals”, mejor conocido como DACA.
Dicho programa fue instaurado por El Presidente Obama en el 2012, a través de
una Orden Ejecutiva, para proteger aproximadamente unos 800,000 inmigrantes que
eran niños cuando llegaron a este país ilegalmente. El
programa les protege en contra de la deportación, y además les permite trabajar
legalmente y estudiar.
Lo
anterior, ha sido eliminado de un plumazo por el Presidente Trump, dejando
abierto un periodo de 6 meses, para que sea el Congreso quien legisle sobre la
materia y proponga mediante una Ley la solución a esta situación. Como sabemos
los beneficiarios del DACA son conocidos como “Dreamers”, y no porque sean
precisamente soñadores, que lo son, sino que ello se deriva de un Proyecto de
Ley denominado Development,Relief and Education for Alien Minors ( DREAM ACT),
que espera en el Congreso por su aprobación. Excelente oportunidad para reabrir
la discusión a nivel del Congreso para que un acuerdo bipartidista permita
regular, en forma definitiva, el futuro de tantos jóvenes que sueñan con un
futuro mejor.
Quisiera
finalizar, explicando el por qué del título de esta reflexión, y para ello me
atengo a la definición de la Real Academia de la Lengua Española de lo que
significa ser un Estadista, “ Persona con gran saber y experiencia en los
Asuntos del Estado”; obviamente ese no es el caso del Sr. Trump, pues ni tiene
gran saber y mucho menos experiencia en los asuntos del Estado.
Confirmemos
lo anterior con la forma sabia con qué Sir Winston Churchill define a un
Estadista: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en
las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. También resulta
obvio que el Sr. Trump no está pensando en las próximas generaciones, ergo el
puesto le queda demasiado grande, razón por la cual para él no habrán próximas
elecciones.
Weston,
Septiembre 14, 2017
FPP
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