Hace poco más de un año, me permití publicar una
reflexión denominada “Los Signos de los Tiempos”, todo ello derivado de la
preocupación al momento por las consecuencias de la multiplicidad de eventos
que estaban ocurriendo en el planeta, y que afectaban y afectarían en el futuro
la forma en que los seres humanos percibíamos o conceptualizábamos los retos
que nos planteaba el siglo XXI.
Para
aquel momento, ya estaban presentes una serie de hechos, eventos o
circunstancias, que hoy podemos verificar, como se han incrementado o, al
menos, se mantienen vigentes y, por supuesto, son motivo de profunda
preocupación para los ciudadanos del mundo.
Así
vemos cómo se mantiene la confrontación político-militar y religiosa en el
Medio Oriente, hoy por hoy exacerbada por la presencia cada vez más intensa del
denominado Estado Islámico (ISIS). Este grupo ha logrado en pocos años,
desestabilizar aún más el precario equilibrio en esa región del mundo, con el
agravante de la problemática que ha generado su persecución político-religiosa
a poblaciones enteras, tanto en Irak como en Siria, con la consiguiente crisis
de las migraciones hacia otros países, generándose así una situación inédita en
cuanto a la acogida de refugiados en otros países de Europa y del resto del
mundo. Una manipulada concepción religiosa, utilizada como excusa y con propósitos
hegemónicos; y a través del uso del terrorismo como arma de amedrentamiento de
poblaciones enteras, hoy vemos con estupor como este grupo pretende imponer,
por la fuerza del terror, su concepción política-religiosa al resto del mundo. Así
lo evidencian los ataques terroristas más recientes, como el ocurrido en la
ciudad de Barcelona, España.
Otros
conflictos bélicos, manifestados en diferentes regiones del mundo, y cuando no
son tales, al menos se presentan como una amenaza latente para la seguridad
internacional, como es el caso de Corea del Norte y sus permanentes ya no solo
amenazas de utilización de armas nucleares, sino el lanzamiento de varios
misiles y de pruebas nucleares, además de su retórica reiterada de iniciar una
guerra con Corea del Sur, lo cual, indefectiblemente, involucraría a los EEUU
en el conflicto. La diatriba ha ido subiendo de tono, y las amenazas de parte y
parte ya rayan el límite, todo lo cual podría conducir a situaciones de
consecuencias impredecibles. Difícil la
tarea de lidiar con un maniático, que funge de líder y del cual se puede
esperar cualquier locura, sumándole las actitudes y posiciones de nuestro
Presidente acá en los EEUU, el cual también es impredecible; de allí lo
delicado de una situación, ya de por si
peligrosa, y potencial de producir consecuencias catastróficas.
El
denominado cambio climático o calentamiento global. Una verdad que nos viene
agobiando desde hace años, complementada con la indolencia de las grandes
potencias mundiales. Situación que nos agobia y nos apremia. Para nadie es un
secreto la veracidad de lo que por años se ha venido alertando. Finalmente, en
fecha reciente los líderes mundiales han dado un paso importante para iniciar
las medidas de alivio necesarias para palear, al menos, los ingentes daños que
este proceso ha causado y continúa causando a nuestro planeta.
Hoy
por hoy vemos, y no entendemos como, los Estados Unidos se ha retirado del Acuerdo
de Paris sobre la base del cuestionamiento de sus dirigentes actuales en cuanto
a la veracidad sobre el impacto de la contaminación ambiental en el cambio
climático. Me pregunto, es que acaso la actual temporada de huracanes no
representa una variante con respecto a lo que ha sido el promedio a través de
los años, no solo en número de huracanes sino en la intensidad de los mismos; y
que podríamos decir con respecto al número de terremotos ocurridos en los
últimos meses, igualmente en su intensidad y duración, como el acontecido en la
Ciudad de México el día de ayer. Es que acaso todas estas manifestaciones de la
naturaleza no nos estarían mostrando que algo estamos haciendo mal, e
indicándonos de una manera dramática las consecuencias de ignorar lo que sucede
a nuestro alrededor, es decir, los signos de los tiempos.
Lo anterior no representa sino meros ejemplos
de lo que acontece cada día y que genera una angustiosa preocupación por los
resultados que no podemos o no queremos visualizar, pero que serían
determinantes para el futuro de la humanidad.
Quisiera
concluir de la misma forma que lo hiciera hace más de un año, pues la
preocupación está latente, por no decir que más angustiosa que antes; “Lo anterior no representa una visión
apocalíptica de lo que pudiera ocurrir en la tierra en algún momento en el
tiempo, representa por el contrario una acuciante realidad que toca nuestras
vidas todos los días; de allí el sentido de urgencia a las acciones que debemos
tomar todos, sin excepción, para contribuir a salvar, de ser ello posible, este
minúsculo espacio en el cual nacimos y vivimos, que llamamos nuestro hogar”.
Weston,
Septiembre 20,2017
FPP
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