LA
INDUSTRIA DEL DOLOR
Conversando
con un apreciado amigo sobre todas las circunstancias vividas durante todos
estos meses, para ser más exacto, desde hace casi un año, relativas al problema
físico que padezco, y de cómo a esta fecha no he encontrado el alivio al que
aspiraba, se le ocurrió indicarme que estábamos en presencia de la industria
del dolor, expresión esta que me motivó a volver sobre el tema, y con la cual encabezo
esta nota.
Así
es, ya casi a punto de celebrar el primer año de este dolor, vale la pena
reflexionar de nuevo sobre este tema, para reiterar o confirmar sobre lo que ha
sido , no solo por mi experiencia personal, las inequidades del sistema medico
de este país. Efectivamente he sido objeto de atención médica, profesional,
pero que se encuentra atada de pies y manos, por un sistema que les obliga o
constriñe a actuar de acuerdo a determinados protocolos, que al fin y al cabo no
son más que mecanismos que aseguran una efectiva retribución por los servicios
prestados, del cual se benefician todos los involucrados en una cadena de
intereses económicos subyacentes en el sistema.
El
sistema médico está diseñado para convertir al paciente en una especie de
conejillo de indias, donde tratamiento tras tratamiento, se van despejando las
opciones ya establecidas, para continuar manteniendo a la persona atada a un régimen,
donde no es precisamente su bienestar el
que recibe la mayor consideración.
Así
ha sido mi experiencia; a la fecha llevo cuatro procedimientos de inyecciones,
unas llamadas epidurales, y ahora otras que si orientadas a las facetas, léase
una parte de la columna que hace de mecanismo de control de las desviaciones, y
que permiten mantener la alineación de la columna en todos sus niveles. Como
eso no funciona como debería hacerlo, entonces vamos a la fase dos, o sea más
inyecciones, ahora orientadas a los nervios aprisionados o comprimidos, con el propósito
de lograr que desinflamen y produzcan como resultado un alivio del dolor. Si
esto no fuera suficiente, entonces habría que intentar otro procedimiento con
el mismo propósito.
Como
vemos, se trata de andar de procedimiento en procedimiento, cada uno de los
cuales tiene un costo, y así se mantiene la rueda en movimiento en este inmenso
negocio que es la medicina.
Muy
desafortunadamente, hemos tenido que pasar y vivir todo esto para percatarnos de
lo perverso del sistema, y de sus nefastas consecuencias para la salud mental y
física de aquel que lo recibe. Pasan los días y los meses, y no se le encuentra
una salida definitiva al problema, el cual está perfectamente identificado,
pero cuyo resultado final depende del manejo más o menos uniforme de los
protocolos pre-existentes, para la solución de las calamidades del paciente.
En
realidad, a veces ni siquiera parece ser culpa de los médicos tratantes; es el
sistema el que los obliga a actuar de una determinada manera, y no pueden
salirse de esas reglas del juego, so pena de poner en riesgo su trabajo.
En
el mes de Abril del corriente año escribí una nota sobre este asunto, con mis
reflexiones sobre el sistema, basado en la experiencia que había tenido hasta
ese momento. Pensé que esa sería la única vez que me vería obligado a opinar
sobre el tema; pues aquí me ven, meses más tarde, aun con el dolor que vive
conmigo, reflexionando de nuevo sobre lo mismo. Esto de la medicina del dolor,
con el cuento de que tu caso no es de cirugía, se ha ido convirtiendo en la
industria del dolor.
Muy
lamentablemente, debo reiterar lo que ya dijera en oportunidad anterior: “Al
fin y al cabo el paciente no es más que un número en este juego; en este mundo
de trámites, referencias médicas, autorizaciones; donde lo menos importante es
la salud o el bienestar del paciente; este último que espere, en definitiva es
el último eslabón en la cadena.
Resulta
muy frustrante verificar de primera mano, que en este llamado primer mundo,
para recibir oportuna y eficiente atención médica, tengas que pasar por
innumerables trabas y limitaciones de todo orden, y mientras tanto sufrir las
consecuencias de tus padecimientos de salud, que en este caso se asocian a un dolor, el cual en múltiples ocasiones
resulta insoportable.”
Ya
pronto voy al quinto intento de inyecciones en mi espalda, supuestamente todas
orientadas a aliviar este dolor, que sin embargo aún persiste. Ojala la
industria del dolor considere que ya ha sido suficiente tanto ensayo con mis
padecimientos, y de una vez por todas encuentre el alivio que me merezco.
Weston,
Noviembre 16,2017
FPP
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