Thursday, November 16, 2017


LA INDUSTRIA DEL DOLOR



Conversando con un apreciado amigo sobre todas las circunstancias vividas durante todos estos meses, para ser más exacto, desde hace casi un año, relativas al problema físico que padezco, y de cómo a esta fecha no he encontrado el alivio al que aspiraba, se le ocurrió indicarme que estábamos en presencia de la industria del dolor, expresión esta que me motivó a volver sobre el tema, y con la cual encabezo esta nota.

Así es, ya casi a punto de celebrar el primer año de este dolor, vale la pena reflexionar de nuevo sobre este tema, para reiterar o confirmar sobre lo que ha sido , no solo por mi experiencia personal, las inequidades del sistema medico de este país. Efectivamente he sido objeto de atención médica, profesional, pero que se encuentra atada de pies y manos, por un sistema que les obliga o constriñe a actuar de acuerdo a determinados protocolos, que al fin y al cabo no son más que mecanismos que aseguran una efectiva retribución por los servicios prestados, del cual se benefician todos los involucrados en una cadena de intereses económicos subyacentes en el sistema.

El sistema médico está diseñado para convertir al paciente en una especie de conejillo de indias, donde tratamiento tras tratamiento, se van despejando las opciones ya establecidas, para continuar manteniendo a la persona atada a un régimen, donde no es precisamente su bienestar  el que recibe la mayor consideración.

Así ha sido mi experiencia; a la fecha llevo cuatro procedimientos de inyecciones, unas llamadas epidurales, y ahora otras que si orientadas a las facetas, léase una parte de la columna que hace de mecanismo de control de las desviaciones, y que permiten mantener la alineación de la columna en todos sus niveles. Como eso no funciona como debería hacerlo, entonces vamos a la fase dos, o sea más inyecciones, ahora orientadas a los nervios aprisionados o comprimidos, con el propósito de lograr que desinflamen y produzcan como resultado un alivio del dolor. Si esto no fuera suficiente, entonces habría que intentar otro procedimiento con el mismo propósito.

Como vemos, se trata de andar de procedimiento en procedimiento, cada uno de los cuales tiene un costo, y así se mantiene la rueda en movimiento en este inmenso negocio que es la medicina.

Muy desafortunadamente, hemos tenido que pasar y vivir todo esto para percatarnos de lo perverso del sistema, y de sus nefastas consecuencias para la salud mental y física de aquel que lo recibe. Pasan los días y los meses, y no se le encuentra una salida definitiva al problema, el cual está perfectamente identificado, pero cuyo resultado final depende del manejo más o menos uniforme de los protocolos pre-existentes, para la solución de las calamidades del paciente.

En realidad, a veces ni siquiera parece ser culpa de los médicos tratantes; es el sistema el que los obliga a actuar de una determinada manera, y no pueden salirse de esas reglas del juego, so pena de poner en riesgo su trabajo.

En el mes de Abril del corriente año escribí una nota sobre este asunto, con mis reflexiones sobre el sistema, basado en la experiencia que había tenido hasta ese momento. Pensé que esa sería la única vez que me vería obligado a opinar sobre el tema; pues aquí me ven, meses más tarde, aun con el dolor que vive conmigo, reflexionando de nuevo sobre lo mismo. Esto de la medicina del dolor, con el cuento de que tu caso no es de cirugía, se ha ido convirtiendo en la industria del dolor.

Muy lamentablemente, debo reiterar lo que ya dijera en oportunidad anterior: “Al fin y al cabo el paciente no es más que un número en este juego; en este mundo de trámites, referencias médicas, autorizaciones; donde lo menos importante es la salud o el bienestar del paciente; este último que espere, en definitiva es el último eslabón en la cadena.

Resulta muy frustrante verificar de primera mano, que en este llamado primer mundo, para recibir oportuna y eficiente atención médica, tengas que pasar por innumerables trabas y limitaciones de todo orden, y mientras tanto sufrir las consecuencias de tus padecimientos de salud, que en este caso se asocian  a un dolor, el cual en múltiples ocasiones resulta insoportable.”

Ya pronto voy al quinto intento de inyecciones en mi espalda, supuestamente todas orientadas a aliviar este dolor, que sin embargo aún persiste. Ojala la industria del dolor considere que ya ha sido suficiente tanto ensayo con mis padecimientos, y de una vez por todas encuentre el alivio que me merezco.

Weston, Noviembre 16,2017

FPP


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