CONVERSANDO CON MI VIEJO
Hoy
amanecí pensando en ti, no porque sea algo que haga esporádicamente, sino
porque siempre pienso en ti. Hoy tenía algo de especial y era el cuadragésimo
aniversario de tu partida.
Pensé
que la vida tenía sus señales, y recordé también que fue hace 40 años la última
vez que escribí algo sobre ti, con motivo de tener que representarte en tu
ausencia, en la graduación de la última promoción de bachilleres que tuviste
que apadrinar. Dios dispuso que no pudieses estar allí, y guió mi mano para
poder expresarles a los graduandos algo parecido a lo que yo creía que tú les
hubieses dicho.
Pienso
que me quedé corto, y siempre he tenido la impresión de no haber dicho todo lo
que debía. Hoy 40 años después, decidí reflexionar un poco sobre tu vida, y la
verdad, es que creo que me faltará papel para escribir todo lo que podría sobre
ti.
Fuiste
un educador por 45 años, habiendo dedicado toda tu vida a ese proceso tan
importante como es la educación de juventudes. Fuiste un maestro excelente,
como pocos, reconocido por sus cualidades de maestro en las áreas sobre las que
enseñabas. Un erudito en el sentido más amplio de la palabra. Tus alumnos te
temían, pero te adoraban al mismo tiempo. Eras riguroso, exigente, recio de
carácter, pero todo ello solo escondía tu generosidad y tu bondad en el trato
con tus alumnos.
Fueron
generaciones de Venezolanos los que
pasaron por tus aulas, y en mi experiencia personal, aunque nunca me diste
clases a mí, por la referencia de tus propios alumnos, fueron ellos quienes
siempre tuvieron palabras de reconocimiento y respeto sobre tu excelencia como
maestro y como amigo.
Te
dieron todos los reconocimientos posibles como educador, pero lo que tú siempre
más apreciabas era el de tus alumnos, para quienes la única manera que tenían
de expresarte lo que sentían y pensaban de ti, era designándote como padrino de
innumerables promociones de estudiantes, por cuanto tu representabas como
educador un conjunto de valores, hoy perdidos y abandonados en nuestro
atribulado país,
Tú
fuiste un referente para muchas personas que giraron alrededor de ti, por lo
que tú eras y tú representabas. No solo fuiste el mejor alumno que ha pasado en
toda su historia por el Seminario Inter-diocesano de Caracas, donde estudiaste
10 años, obteniendo el título de Licenciado en Filosofía y Letras con el más
alto honor, creado especialmente para ti, por cuanto nunca en la historia
habían tenido un estudiante de 20 puntos durante 10 años de estudio. Por si eso
fuera poco, fuiste el primer intérprete público en Latín y Raíces Griegas que
tuvo Venezuela, lengua que en esa época se enseñaba, hoy desaparecida de los
pensum de estudios, y que además hablabas fluidamente.
Tus
clases de Castellano y Literatura, tanto hispano- americana como universal eran
un claro ejemplo del conocimiento profundo que tenías sobre la materia. Y qué
no decir de tus clases de filosofía, convertidas en un escenario abierto para
la discusión, la reflexión y el dialogo.
Podría
estar eternamente escribiendo sobre todo lo que fuiste, pero más importante
para mí y tu familia, es referirme ahora a lo que significaste como padre, y
esposo. Yo soy el menor de tus hijos, y hubiese querido haberte podido decir
todo esto cuando aún estabas aquí, pero te fuiste muy temprano, y para entonces
yo era un joven que no me atrevía a decirle a mi padre lo que pensaba de él.
Por eso, quiero decirte, y en ello creo que me va lo que también piensan mis
hermanos al respecto; que fuiste un padre excepcional. Alguien podría decir que
eso es lo que cada hijo piensa de sus padres, pero en este caso este es el mío,
y esto es lo que pienso.
Lo
que más me impresionaba de ti era que predicabas con el ejemplo. Tu rectitud,
tu firmeza, tu generosidad, tu bondad, tu honestidad, tus firmes convicciones
morales y espirituales, cultivadas a través del tiempo, eran como un espejo
permanente en el que mirarnos. No hablabas de ello, solo actuabas y tu
comportamiento en tu vida ordinaria así lo demostraba.
De
fuerte carácter, recio pero justo. El sentido de la justicia era vital para ti
y nunca pude evidenciar nada diferente. Siempre estuviste allí para tus hijos,
todos diferentes, pero a quienes diste lo mejor de ti, para forjarnos un futuro
en la vida. No nos dejaste bienes materiales, pero nos dejaste lo más
importante, una educación de hogar basada en esos valores, para que los cultiváramos,
e hiciéramos de ello una filosofía de nuestras vidas.
Recuerdo
perfectamente nuestras tertulias, y siendo tú el responsable de mi pasión por
la lectura y por mi avidez de conocimientos; y tus consejos sobre lo que debía
leer, y asegurarme de absorber el máximo posible de esas lecturas que podían
pasar desde una pequeña novela de vaqueros en mi adolescencia, hasta poder
comprender el pensamiento filosófico de Pierre Teilhard de Chardin. Recuerdo
también nuestras conversaciones sobre literatura española o hispano- americana,
y creo que desde entonces comencé a amar a España, que ha sido una constante en
mi vida.
Tuve
la fortuna de ser testigo de muchas de tus disertaciones o discursos; eras un
orador impecable y contundente, con un conocimiento profundo del lenguaje, y el
uso de un vocabulario elegante y preciso, que ya quisiera tener yo hoy. En eso
eras único e irrepetible. Creo de verdad que mi convencimiento sobre la importancia
de la lectura me viene de ti; tú me enseñaste a leer; pero con esa enseñanza
vino aparejada el aprender a escribir, y eso creo que también me viene de ti.
Amo escribir y hoy, ya en el otoño de mis años, he decidido escribir todo lo
que pueda, y así , al menos, mi esposa, mis hijas y nietos podrían leer algún día
lo que yo pensaba sobre múltiples cosas.
Hoy
escribo sobre ti viejo, porque reconozco que lo que he sido y soy hoy en día,
te lo debo a ti, a tus enseñanzas, por haberme inculcado la importancia de
cultivar y hacer nuestros los valores fundamentales del espíritu, y así poder
trasmitírselos a nuestros hijos. Cuán importante es, sobre todo en estos
tiempos convulsos, cultivar la honradez, la honestidad, la justicia, el
respeto, y tantos otros, que forjan nuestra personalidad, y nos permiten tratar
de ser cada vez mejores personas.
Sabes
una cosa viejo, se me quedaron muchas cosas que hubiese querido preguntarte;
aun hoy en día quisiera tenerte cerca para que me des tu opinión sobre
cualquier decisión que debiera tomar, oír tus sabios consejos, porque en la
vida nunca dejamos de aprender y nadie
mejor que mi padre para aconsejarme y orientarme.
Ya
para concluir viejo, solo quisiera pensar, con los ojos cerrados, que estas
allí, que siempre has estado allí para mí, aún en las peores circunstancias; y
sabes qué, te extraño mucho; siempre te he extrañado, y Dios quiera que mis
hijas y mis nietos me recuerden algún día de la misma manera como yo te
recuerdo a ti.
Weston,
Marzo 26, 2018
FPP
No comments:
Post a Comment