Monday, March 26, 2018





CONVERSANDO CON MI VIEJO


Hoy amanecí pensando en ti, no porque sea algo que haga esporádicamente, sino porque siempre pienso en ti. Hoy tenía algo de especial y era el cuadragésimo aniversario de tu partida.

Pensé que la vida tenía sus señales, y recordé también que fue hace 40 años la última vez que escribí algo sobre ti, con motivo de tener que representarte en tu ausencia, en la graduación de la última promoción de bachilleres que tuviste que apadrinar. Dios dispuso que no pudieses estar allí, y guió mi mano para poder expresarles a los graduandos algo parecido a lo que yo creía que tú les hubieses dicho.

Pienso que me quedé corto, y siempre he tenido la impresión de no haber dicho todo lo que debía. Hoy 40 años después, decidí reflexionar un poco sobre tu vida, y la verdad, es que creo que me faltará papel para escribir todo lo que podría sobre ti.

Fuiste un educador por 45 años, habiendo dedicado toda tu vida a ese proceso tan importante como es la educación de juventudes. Fuiste un maestro excelente, como pocos, reconocido por sus cualidades de maestro en las áreas sobre las que enseñabas. Un erudito en el sentido más amplio de la palabra. Tus alumnos te temían, pero te adoraban al mismo tiempo. Eras riguroso, exigente, recio de carácter, pero todo ello solo escondía tu generosidad y tu bondad en el trato con tus alumnos.

Fueron generaciones de Venezolanos  los que pasaron por tus aulas, y en mi experiencia personal, aunque nunca me diste clases a mí, por la referencia de tus propios alumnos, fueron ellos quienes siempre tuvieron palabras de reconocimiento y respeto sobre tu excelencia como maestro y como amigo.

Te dieron todos los reconocimientos posibles como educador, pero lo que tú siempre más apreciabas era el de tus alumnos, para quienes la única manera que tenían de expresarte lo que sentían y pensaban de ti, era designándote como padrino de innumerables promociones de estudiantes, por cuanto tu representabas como educador un conjunto de valores, hoy perdidos y abandonados en nuestro atribulado país,

Tú fuiste un referente para muchas personas que giraron alrededor de ti, por lo que tú eras y tú representabas. No solo fuiste el mejor alumno que ha pasado en toda su historia por el Seminario Inter-diocesano de Caracas, donde estudiaste 10 años, obteniendo el título de Licenciado en Filosofía y Letras con el más alto honor, creado especialmente para ti, por cuanto nunca en la historia habían tenido un estudiante de 20 puntos durante 10 años de estudio. Por si eso fuera poco, fuiste el primer intérprete público en Latín y Raíces Griegas que tuvo Venezuela, lengua que en esa época se enseñaba, hoy desaparecida de los pensum de estudios, y que además hablabas fluidamente.

Tus clases de Castellano y Literatura, tanto hispano- americana como universal eran un claro ejemplo del conocimiento profundo que tenías sobre la materia. Y qué no decir de tus clases de filosofía, convertidas en un escenario abierto para la discusión, la reflexión y el dialogo.

Podría estar eternamente escribiendo sobre todo lo que fuiste, pero más importante para mí y tu familia, es referirme ahora a lo que significaste como padre, y esposo. Yo soy el menor de tus hijos, y hubiese querido haberte podido decir todo esto cuando aún estabas aquí, pero te fuiste muy temprano, y para entonces yo era un joven que no me atrevía a decirle a mi padre lo que pensaba de él. Por eso, quiero decirte, y en ello creo que me va lo que también piensan mis hermanos al respecto; que fuiste un padre excepcional. Alguien podría decir que eso es lo que cada hijo piensa de sus padres, pero en este caso este es el mío, y esto es lo que pienso.

Lo que más me impresionaba de ti era que predicabas con el ejemplo. Tu rectitud, tu firmeza, tu generosidad, tu bondad, tu honestidad, tus firmes convicciones morales y espirituales, cultivadas a través del tiempo, eran como un espejo permanente en el que mirarnos. No hablabas de ello, solo actuabas y tu comportamiento en tu vida ordinaria así lo demostraba.

De fuerte carácter, recio pero justo. El sentido de la justicia era vital para ti y nunca pude evidenciar nada diferente. Siempre estuviste allí para tus hijos, todos diferentes, pero a quienes diste lo mejor de ti, para forjarnos un futuro en la vida. No nos dejaste bienes materiales, pero nos dejaste lo más importante, una educación de hogar basada en esos valores, para que los cultiváramos, e hiciéramos de ello una filosofía de nuestras vidas.

Recuerdo perfectamente nuestras tertulias, y siendo tú el responsable de mi pasión por la lectura y por mi avidez de conocimientos; y tus consejos sobre lo que debía leer, y asegurarme de absorber el máximo posible de esas lecturas que podían pasar desde una pequeña novela de vaqueros en mi adolescencia, hasta poder comprender el pensamiento filosófico de Pierre Teilhard de Chardin. Recuerdo también nuestras conversaciones sobre literatura española o hispano- americana, y creo que desde entonces comencé a amar a España, que ha sido una constante en mi vida.

Tuve la fortuna de ser testigo de muchas de tus disertaciones o discursos; eras un orador impecable y contundente, con un conocimiento profundo del lenguaje, y el uso de un vocabulario elegante y preciso, que ya quisiera tener yo hoy. En eso eras único e irrepetible. Creo de verdad que mi convencimiento sobre la importancia de la lectura me viene de ti; tú me enseñaste a leer; pero con esa enseñanza vino aparejada el aprender a escribir, y eso creo que también me viene de ti. Amo escribir y hoy, ya en el otoño de mis años, he decidido escribir todo lo que pueda, y así , al menos, mi esposa, mis hijas y nietos podrían leer algún día lo que yo pensaba sobre múltiples cosas.

Hoy escribo sobre ti viejo, porque reconozco que lo que he sido y soy hoy en día, te lo debo a ti, a tus enseñanzas, por haberme inculcado la importancia de cultivar y hacer nuestros los valores fundamentales del espíritu, y así poder trasmitírselos a nuestros hijos. Cuán importante es, sobre todo en estos tiempos convulsos, cultivar la honradez, la honestidad, la justicia, el respeto, y tantos otros, que forjan nuestra personalidad, y nos permiten tratar de ser cada vez mejores personas.

Sabes una cosa viejo, se me quedaron muchas cosas que hubiese querido preguntarte; aun hoy en día quisiera tenerte cerca para que me des tu opinión sobre cualquier decisión que debiera tomar, oír tus sabios consejos, porque en la vida nunca dejamos de aprender  y nadie mejor que mi padre para aconsejarme y orientarme.

Ya para concluir viejo, solo quisiera pensar, con los ojos cerrados, que estas allí, que siempre has estado allí para mí, aún en las peores circunstancias; y sabes qué, te extraño mucho; siempre te he extrañado, y Dios quiera que mis hijas y mis nietos me recuerden algún día de la misma manera como yo te recuerdo a ti.

Weston, Marzo 26, 2018

FPP


No comments:

Post a Comment