RESISTENCIA
Fue
a finales de Diciembre del 2017 cuando publiqué una reflexión en mi blog,
pensando en aquel momento que esta sería la última que escribiría sobre la
situación en mi país, y por ello lo titulé “Perdí a mi país”. En dicha
oportunidad manifesté al inicio del mismo un profundo pesimismo sobre el futuro
de Venezuela; pero a medida que avanzaba en la escritura, en mi fuero interno
me resistía a cerrar ese capítulo como si fuera el final de la historia.
Efectivamente,
no ha sido ni es el final de la historia; ésta está todavía por escribirse,
independientemente de cuales sean los resultados. En la Venezuela de hoy no hay
manera de predecir nada, porque mientras escribo esta reflexión pudiera estar
ocurriendo algo que cambiaría totalmente el rumbo de la historia.
En
aquella oportunidad indicaba: “Hemos sido testigos y uno no puede dejar de
sorprenderse de la capacidad de destrucción que ha tenido este gobierno para
que en apenas 18 años haya convertido a Venezuela en uno de los países, si no
el primero, con mayor inseguridad en el mundo; un país con la mayor inflación
del planeta, 2000% para el 2017, 82% de pobreza, 15% come de la basura, el
dólar paso de 500 a 112.000 bajo este régimen, 3.500 asesinatos políticos, 70%
de las empresas cerradas, 555% de incremento en el salario mínimo en 10 meses,
63% de deserción escolar, 20% de la población ha huido del país; sin reservas
financieras en el Banco Central, con una profunda crisis humanitaria por la
escasez de alimentos y medicinas para los más necesitados; un país con más de
600 presos políticos que han recibido y continúan recibiendo tratos inhumanos
en los recintos donde los tienen recluidos, un país sin justicia, sin poderes
públicos independientes; por el contrario los que existen son apéndices del
gobierno y solo siguen instrucciones del chofer de Miraflores. Un país donde
las Fuerzas Armadas se han plegado al régimen para poder seguir disfrutando de
las prebendas que este le otorga, a cambio de su subordinación y su lealtad,
siendo la manera de encubrir el más profundo sistema de corrupción a todos los
niveles dentro de las Fuerzas Armadas, y en general, en toda la red de los
poderes públicos en Venezuela.
Y
así pudiéramos seguir mencionando índices hasta el cansancio que demuestran
claramente el nivel de desgracia que sufre Venezuela, y muy lamentablemente no
se vislumbra una luz al final del túnel. Cada día que pasa siento que perdí a
mi país, que no hay opciones para lograr el anhelado cambio, que es tal el
nivel de sojuzgamiento al que tienen sometido al pueblo venezolano que
pareciera que hemos perdido la voluntad de luchar. El hambre, la miseria y las
necesidades del pueblo venezolano lo han desviado del camino, y hoy solo se
lucha por sobrevivir; mientras tanto el régimen se consolida y se atornilla en
el poder.
Sé
que el título de esta reflexión puede sonar muy pesimista de mi parte, pero es
que los signos que vemos en nuestro pueblo parecieran señalar que el gobierno
ha tomado todos los espacios, y tienen todo el poder para mantenernos a raya en
nuestras aspiraciones de libertad.”
Ahora,
a estas alturas, debatimos sobre si votamos o no en unas írritas elecciones
convocadas ilegalmente por la Asamblea Nacional Constituyente para el próximo
20 de Mayo. Aquí no puede uno dejar de sorprenderse, y apenas atina a observar
como parte de la oposición venezolana incomprensiblemente, se presta a
participar en esta farsa que apunta definitivamente a entronizar en el poder a
Nicolás Maduro, con todo lo que ello implica para nuestro país. No es
entendible, que haya quienes piensan que ello es posible, y de que seremos
capaces de sacar del poder a esta pandilla de forajidos por la vía de los
votos; y más que eso piensan que son capaces de movilizar a un pueblo hambriento
y depauperado a expresarse en unas elecciones cuyos resultados ya están
cantados, gracias a los buenos oficios del siempre bien dispuesto Consejo
Nacional Electoral.
Increíble
pero cierto; frente a todo esto, lo que nos queda es resistir, y seguir resistiendo,
con el apoyo de la comunidad internacional, que ha sido reiterativa en su apoyo
a Venezuela en su lucha por regresar a una democracia plena, y al logro de unas
elecciones libres y transparentes que nos permita elegir a gobernantes probos
que estén dispuestos a luchar sin cansancio por la reconstrucción de Venezuela.
Todas
mis aseveraciones de las reflexiones del pasado año, continúan siendo una
reveladora realidad, hoy en día agravadas en sus consecuencias. La situación es
cada vez peor, y el país se encuentra sumido en la peor de las crisis de todo
orden, que incluso preconizan nuestro regreso a situaciones similares ocurridas
ya hace más de 200 años.
Tristemente,
el deterioro no solo es material, sino más grave aún, la decadencia moral del
país en general, no nos hacen presagiar nada bueno para el futuro. Sin embargo,
estoy convencido de que será una tarea ardua, difícil, llena de contratiempos,
pero que con el apoyo manifestado de la comunidad internacional, por una parte,
en lo atinente a la crisis humanitaria que se vive en Venezuela, y a su
recuperación económica; y por la otra, con la voluntad firme de los
Venezolanos, que sabrán afrontar, con decisión y coraje, la ineludible tarea de
la reconstrucción moral de nuestro país.
Concluyamos,
citando al distinguido columnista Antonio Sánchez García, quien en su reciente
artículo titulado “Saló o los últimos días de la Barbarie”, señalaba:
“Es esa
la barbarie que ha renacido en Venezuela de la mano de los teniente coroneles
Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas y sus secuaces, que han asaltado el
Estado, se han apropiado de nuestras riquezas, le han entregado nuestra
soberanía a sus socios cubanos y aferrados a las ubres petroleras como
monstruosas sanguijuelas se niegan a soltarlas, bajo la atroz decisión de
terminar por hacer tierra arrasada del país que durante cuarenta años viviera
el milagro incomprensible de una democracia honorable, respetable y exitosa.
Es la
barbarie que se repliega por instantes y simula cambios lampedusianos sirviéndose
de figuras políticas de mala muerte. Reflotando la parte más obscena y corrupta
que macula a unas clases políticas ajenas a todo verdadero patriotismo. Son la
mano blanda y enguantada del monstruo carnicero de esta Guerra a Muerte.
Simulan combates mientras contabilizan sus recompensas. Es el horror. Que Dios
nos ampare.”
Weston, Abril 6, 2018
FPP
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