UNA PERLA EN LA ARENA
Para mi hermana de
La vida, AFG
Anoche
me acosté pensando en una frase que alguien muy cercano a mis sentimientos mencionó
a propósito de calificar a una persona amiga como “Una Perla en la Arena”. Sin duda era uno de los más bellos cumplidos que se pueden decir al
referirse a alguien con quien te unen lazos estrechos de amistad y hermandad.
Ustedes
se imaginan lo que significa encontrar una perla en la arena? eso es casi una
tarea de dimensiones extraordinarias, por no decir imposible; y utilizar esa
frase para connotar, o adjudicársela a una persona, para indicarle lo que
significa en su vida o en tenerlo como su amigo, o más que eso, su hermano. Eso,
de verdad, me hizo reflexionar no sobre
lo que impactó en el destinatario del mensaje, sino más bien en quien lo
dirigía.
Efectivamente,
la que verdaderamente es una Perla en la Arena es ella, y tengo sobrados motivos
o razones para considerar que esto es así, no solo por los más de 25 años de
relación cercana, íntima y estrecha, que ha sido probada en todas las
circunstancias y vicisitudes de la vida.
Ciertamente
no es nada fácil, por no decir imposible, pretender encontrar una perla en la
arena. Pero aquí, metafóricamente hablando si estamos en presencia de alguien
muy especial, que solo por tener el corazón muy grande se puede permitir hacer
aseveraciones de tal naturaleza. Solo las personas despojadas de toda clase de
egoísmos, llenos de una enorme humildad, y con acendrados valores espirituales,
pueden despojarse de posturas mundanas o de ocasión, y pueden expresar sus
sentimientos con esa naturalidad que les caracteriza.
Ese
es precisamente el caso de mi hermana de la vida; a quien dedico con profundo
cariño estas líneas para dejar plasmada,
en una breve semblanza, una persona muy
especial en mi vida y en mis sentimientos.
Ella
ha sido siempre un magnífico ejemplo de muchas cosas; pero en particular, de lo
que significa ser una esposa leal y comprometida con el bienestar de su
familia; una madre abnegada y dedicada por entero a sus hijas por quienes ha
luchado sin cesar para que sean las mujeres que son hoy en día; una abuela
amorosa y entregada; y una hija ejemplar para con sus padres; y una hermana
siempre presente para los suyos; y por supuesto, una amiga incondicional.
Yo
particularmente suelo llamarla Madre Teresa de Calcuta, y ello, no por broma,
sino porque es la persona que he encontrado a lo largo de mi vida, más parecida
a los patrones de conducta que identificaron a la Madre Teresa.
Una
fiel y profunda creyente, una practicante constante de los más relevantes
valores cristianos; de carácter compasivo y de una caridad sin límites,
solidaria hasta los tuétanos; y sobre todo, su compromiso sincero en apoyar las
causas más nobles en beneficio de los más necesitados.
Sin
duda, todas esas virtudes, características particulares de mi hermana, no solo
la hacen una persona muy especial; y sin que me quede nada por dentro, es lo más
cercano que hay a encontrarse “Una Perla en la Arena”.
Como
todo ser humano, no está exenta de cometer errores, ni de tener imperfecciones,
pero lo asombroso, es su constante dedicación a mejorar, elevarse sobre sus
carencias, para ser cada día una mejor persona, siempre acompañada de todas esas
virtudes propias de las personas especiales.
Para
mí en lo particular, y para mi familia, ha sido un regalo de Dios, el
permitirnos tenerla en nuestras vidas durante tantos años; así como el enorme
privilegio del poder disfrutar de su hermandad.
Así
es mi Gorda, créetelo de veras, la que eres verdaderamente Una Perla en la
Arena eres tú, y nosotros, no hemos sido sino solo pequeños granos de arena que
forman parte de un todo que eres tú misma.
Septiembre
13, 2016
FPP
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