LA BONDAD
Pensando
en alguien muy especial, y habiendo sido testigo por años de las virtudes y
cualidades de su personalidad, me vino a la mente lo que considero uno de sus
valores más acendrados, y es precisamente su bondad manifestada a lo largo de
toda su vida.
Lo
primero que tenemos que hacer para poder entender a la perfección el
significado del término bondad es que llevemos a cabo el establecimiento de su
origen etimológico y este se encuentra en el latín. Así tenemos que emana del
vocablo “bonitas” que es fruto de la suma del término “bonus”, que traducido
como “bueno” y del sufijo “tat” que equivale a cualidad. Es decir, que bondad
es la cualidad de bueno, un adjetivo que hace referencia a lo útil, agradable,
apetecible, gustoso o divertido. Por lo tanto una persona con bondad tiene una
inclinación natural a hacer el bien.
En
este sentido se considera a una persona bondadosa, cuando se mantiene siempre
dispuesta a ayudar a quien lo necesite, cuando se muestra compasiva con las personas
que se encuentran sufriendo por diversas circunstancias y también cuando
mantiene una actitud amable y generosa hacia los demás.
En
un mundo lleno de mezquindades, de egoísmo, desconfiado, rencoroso, insensible,
que se decanta por el odio, no resulta una tarea fácil conseguir personas
que hagan de su actitud bondadosa, una
línea de conducta firme y sin dobleces. La bondad suele estar acompañada de
otros valores como la prudencia, la generosidad, la humildad, la paciencia,
entre otras.
Este
hermoso valor ha sido expuesto en diferentes escritos, tanto filosóficos como
de ética y religión; en donde la bondad aparece como la particularidad más
verdadera y natural que puede sentir el ser humano, y la cual puede verse
engrandecida o contrarrestada, dependiendo del ambiente en donde la persona
haya crecido.
La
bondad está presente en casi todas las religiones, es uno de los elementos
esenciales de cada doctrina. Para el cristianismo representa un fundamento
primordial, la bondad de Dios para con los seres humanos y la bondad de
Jesucristo al entregar su vida para salvar a la humanidad. Muy
desafortunadamente el ser humano se encuentra rodeado de personas que no son
agradecidas con aquellos que se han mostrado bondadosos con ellos; aun así
aquellos que cultivan la bondad como un valor fundamental en sus vidas,
continúan siendo bondadosos siempre y con todas las personas a su alrededor.
En
este mundo moderno en el que vivimos, la falta de bondad se manifiesta, o es
una consecuencia del egoísmo, la mezquindad y la ausencia de grandeza humana.
El que no es bueno es incapaz de sentir compasión y ve a los demás como rivales
o enemigos en potencia, a los que sería una imprudencia ayudar, y de los que
hay que cuidarse en extremo; se siente más seguro cultivando la desconfianza,
el rencor y el odio que la simpatía o la amistad, y prefiere anular o destruir
a sus semejantes que conocerlos o dialogar con ellos, a menos que sea para su
propio provecho.
La
falta o ausencia de bondad nos deshumaniza y nos convierte en personas
indeseables e insensibles, por lo que su vida en comunidad se torna difícil e
incluso peligrosa. Como dijimos antes, la bondad es una inclinación natural a
hacer el bien, con una profunda comprensión de las personas y sus necesidades,
siempre paciente y con ánimo equilibrado. Este valor desarrolla en cada persona
la disposición para agradar y complacer en justa medida a todas las personas en
todo momento.
La
bondad no se detiene a buscar las causas, sino a comprender las circunstancias
que han puesto a una persona en la posición donde se encuentra, sin esperar
explicaciones ni justificación, y siempre procurando encontrar los medios para que
no ocurra nuevamente. La bondad nos conduce a ver lo bueno de los demás, no por
haberlo comprobado, sino porque evita enjuiciar las actitudes de los demás bajo
su punto de vista, además de ser capaz de sentir de alguna manera, lo que otros
sienten, para solidariamente ofrecer soluciones.
En
síntesis, la bondad es generosa y no espera nada a cambio; la bondad no tiene
medida, es desinteresada por definición, por lo que jamás debemos esperar
retribución por nuestra conducta bondadosa.
Así
pues,mi querida suegra Elina María, pensando en ti, quise escribir esta reflexión sobre un valor
que ha sido una constante durante toda tu vida. El amor denodado por tus hijos
y tu familia, tu dedicación y entrega por el bienestar no solo de los tuyos
sino de todo aquel que llegara a tu puerta en necesidad de algo. Tu sencillez
aparejada con una humildad sin límites, tu actitud serena frente a todas las circunstancias
de la vida; tu fortaleza para afrontar los retos y dificultades que la vida ha
puesto en tu camino, y tu consecuente y permanente disposición de anteponer tus
intereses o necesidades, para favorecer o beneficiar a otros. Has sido una
hija, esposa y madre ejemplar, y tu ejemplo siempre ha sido y será, para
aquellos que hemos tenido el privilegio de tenerte con nosotros, un estímulo
constante en la eterna lucha para ser cada día mejores seres humanos.
Enero
2, 2017
FPP
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