EL REENCUENTRO
Desde que regresé de Denver, he estado debatiéndome
sobre lo que debía decir en esta reflexión, con motivo de este maravilloso
viaje que tuvo y tendrá siempre una especial significación para todos los que
tuvimos la fortuna de estar allí.
Era una ocasión muy especial; se trataba de la
celebración de la graduación de High School de Sebastián, nuestro nieto mayor,
y quien como lo he indicado antes, nos ha llenado de mucho orgullo y
satisfacción por todos sus logros académicos alcanzados, en esta primera fase
de su formación.
Pero además de ello, esa particular circunstancia
fue el motivo suficiente para que se produjera este reencuentro familiar, con
muy especiales características.
En efecto, fue la oportunidad para que nuestras 4
hijas se pudiesen encontrar en un mismo lugar al mismo tiempo, cosa que no
ocurría desde hacía 7 años. Eso por si solo ya era un motivo más que suficiente
para sentirnos regocijados que ello hubiese sido posible. Elimer vino desde
Madrid; Sabrina, Carlos y los niños vinieron desde Orlando; Victoria, Carmen
Zoila y yo vinimos desde Miami, y por supuesto Alejandra nos esperaba ansiosa
por tan singular acontecimiento.
A la anterior mezcla de alegrías y emociones
encontradas, había que agregar que también vinieron de Venezuela Aníbal y Mirna,
los padres de Jonathan, así como como Rene y Marianela también de Venezuela.
Cualquiera podría decir, y bueno que tiene eso de
extraño o de especial? Pues sí que lo tiene y mucho, y ahora paso a explicarlo,
en el contexto de lo que siempre hemos considerado lo mas importante como lo es
la familia en su concepto más integral.
En efecto, la familia como siempre se ha dicho no es
solo la base fundamental de la sociedad, es mucho más que eso. Es el conjunto
de personas que unidas por lazos de sangre, y también por aquellos que no lo
son, pero que igualmente forman parte integral de tu familia.
Es en el entorno familiar más estrecho, es decir,
aquel formado por padre, madre e hijos, donde todo se inicia; es allí donde nos
formamos y nos educamos, donde los padres tienen un rol fundamental, cual es el
de sembrar en sus hijos aquellos valores que luego serán el faro o la guía que
los convertirá en personas de bien, Esos valores solo se aprenden en el hogar
en su acepción más estricta. Es el trabajo de cada día para asegurarle a
nuestros hijos un entorno familiar donde la base fundamental sea el amor, el
respeto mutuo y compartido, donde cada quien tiene sus derechos y sus
obligaciones.
Es el lugar donde aprendemos todo; a hablar, a comer, a
vestirnos, a comportarnos correctamente, donde aprendemos reglas y normas de
conducta en sociedad, en nuestras relaciones con los demás; en fin es el lugar
donde adquirimos esas herramientas que luego formaran parte de nosotros mismos
en nuestra vida futura.
Ese estricto entorno familiar se encuentra ampliado
por todos aquellos que entran a formar parte de cada familia, ya sean estos,
yernos, nueras, consuegros, amigos, primos lejanos o cercanos, no importa, pero
que los une algo en común, no necesariamente lazos familiares consanguíneos,
sino más importante que eso los une el afecto, el cariño genuino manifestado y
compartido a través de los años, las
experiencias compartidas, los buenos y los malos momentos, las alegrías y las
tristezas, en fin todas aquellas cosas que la vida pone en nuestro camino .
Bueno, de eso se trataba todo, teníamos un motivo y
una ocasión más que especial para estar todos reunidos, en familia para
celebrar los éxitos de Sebastián, pero más allá de eso, también teníamos que
celebrar la posibilidad de ese reencuentro con personas unidas a nuestro afecto
y a quienes teníamos años sin ver o compartir, pero que siempre han estado
allí.
Circunstancias sobrevenidas a través del tiempo, nos
han colocado lejos en el espacio pero muy cerca de nuestros sentimientos; por
ello estos encuentros están llenos de mucha alegría pero también de mucha
nostalgia; y la tristeza que nos arropa cuando llega el momento de las despedidas,
de la nueva separación, sin siquiera poder atinar cuando será posible una nueva
oportunidad para volvernos a ver.
En cualquier caso, debemos dar gracias a Dios por
permitirnos la materialización de este reencuentro, que siempre evocaremos con
mucho cariño y afecto verdadero por todos con quienes tuvimos la oportunidad de
compartir. Ni hablar de nuestras hijas, quienes después de tanto tiempo
pudieron compartir y disfrutar esos días maravillosos.
Dios quiera y la Divina Providencia, nos permita que
un reencuentro como este pueda realizarse de nuevo, tan pronto sea posible.
Tengo la sensación de que ello pudiera ocurrir más pronto de lo que imaginamos.
Dios dirá.
Sunrise, Julio 2018
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