Thursday, March 10, 2016

Para  mi familia y en
ellos representada, para
todo el pueblo Venezolano


LA VENEZUELA QUE YO SUENO

En momentos en que la tristeza y el dolor por el sufrimiento de un pueblo, de un país, nos abruma el corazón y en estos tiempos de reflexión y esperanza como son las Pascuas navideñas, nuestros pensamientos se vuelcan en la posibilidad de soñar y ese sueño es el que quiero compartir con los míos, con mi familia, con mis hijas, con mis amigos y con todo el valeroso pueblo venezolano que lucha sin cesar por un futuro distinto y esperanzador.
Los que de alguna manera hemos cumplido con nuestras responsabilidades profesionales; los que sentimos que aún tenemos el deber de seguir contribuyendo con nuestro país, los que pusimos nuestro esfuerzo por una Venezuela mejor, hoy sentimos que nuestro esfuerzo, lucha y sacrificio por brindarles un país en el que nuestros hijos y nietos pudieran sentirse orgullosos, vemos con estupor, con rabia y con tristeza como la sinrazón, la barbarie, la mediocridad, se ha venido apoderando de nuestro país y a cada instante se nos conduce a un precipicio en donde solo encontraremos dolor.
No es posible, y no lo será, que un grupo de venezolanos pretenda llevarnos a todos a vivir bajo un esquema o premisas de orientación política que no se compadece con el espíritu de libertad y de democracia que tanto nos ha costado construir. Ciertamente que lo dañamos todo, dejamos los espacios abiertos para que por nuestros errores se impusiera una pesadilla convertida en persona, si es que al señor Presidente de la Republica se le puede llamar persona.
Es la hora de la verdad, es la hora de contraponer el dolor con la alegría, la tristeza con la esperanza, y es la hora de decirle al mundo que somos un solo pueblo, un solo país, una sola nación luchando palmo a palmo, sin tregua y sin descanso para liberar a Venezuela de esta horrenda pesadilla.
Es la hora de soñar, de soñar por una Venezuela posible y anhelada. Tenemos todo, lo primero su gente, quienes con su capacidad creadora serán capaces de reconstruir un país; tenemos los recursos que la Providencia ha puesto en nuestra tierra y sobre todo tenemos la voluntad para renacer de las cenizas y hacer de Venezuela el país que todos soñamos tener.
Es la hora de nuestros hijos, la hora de dar un paso al frente, con coraje, con valentía y con la dignidad que les permita rescatar lo que les pertenece por derecho propio y que nunca les debió ser arrebatado.
Es la hora de soñar y de creer en un país distinto, en donde quepamos todos los venezolanos, con nuestras diferencias; un país que sea ejemplo de democracia real, de funcionarios probos, de una administración publica eficiente, de servicios públicos que funcionen; un país donde la solidaridad con los demás no sea un slogan político sino una obligación moral para con nuestros compatriotas y arraigada en el corazón; un país donde nuestros hijos y nietos puedan vivir en libertad, donde tengan oportunidades de crecimiento personal y profesional; un país donde existan y funcionen las instituciones; un país donde impere el estado de derecho y sobre todo la justicia, pero no una justicia vacía sino aquella que tenga contenido social y sea igual para todos; un país abierto, sensible, moderno y donde no existan diferencias ni odios, sino la voluntad y el esfuerzo colectivo y creador para hacerla cada vez más grande y próspera; en fin un país donde valga la pena vivir y luchar. 
Me pregunto, Es que acaso los sueños no son posibles?  En la madurez de mis años he aprendido que los sueños cuando se corresponden con una realidad tangible y en la cual se pueda ser un actor principal, por supuesto que son posibles y para ello solo requerimos el valor, el coraje, la determinación y la voluntad sincera de hacer lo que cada uno de nosotros tiene que hacer con sinceridad, con honestidad, sin egoísmos, en un mismo esfuerzo como nación para lograr la meta.
Hoy veo con orgullo de Venezolano, un país de pie, noble y valiente, y dispuesto a participar activamente en la construcción de una nueva Venezuela.
En estos tiempos de Navidad, tiempos de compartir en familia; tiempos de amor y de esperanza; pero al mismo tiempo de angustia, zozobra, tristeza y dolor por lo que acontece en nuestra Patria; este mensaje de paz y sobre todo de optimismo en los tiempos por venir.
Sí, es verdad, es un sueño, pero realizable con el invalorable apoyo y resolución de los jóvenes, que como ustedes mis hijas y nietos, tendrán una participación importante en hacer la Venezuela posible que todos anhelamos.
La lucha es y será dura y difícil, sin tregua ni cuartel, sin descanso y, aun cuando nos anime el desaliento, no se admite la flaqueza y así, todos juntos podamos ver, si Dios lo permite, de nuevo brillar la esperanza en el corazón de todos los venezolanos.
Feliz Navidad y mis deseos porque el nuevo año sea el comienzo de la realización de este sueño.

Ciudad de México, Diciembre 15, 2004
FPP


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