EL
PODER DEL PUEBLO
Inicio esta semana refiriéndome
a los acontecimientos que se han venido desarrollando en la Republica
Federativa del Brasil, con motivo de la apertura del proceso de destitución,
iniciado por el Congreso de dicho país, en contra de la Presidenta Sra.Dilma Rousseff,
por una serie de hechos ocurridos durante su gestión que se han considerado
ilegales y otros demostrativos de hechos de corrupción durante su gobierno.
El referido proceso, en su
primera fase, concluyó durante este pasado fin de semana, en donde la Cámara de
Diputados del Congreso votó a favor del procedimiento, colocando así a la Sra.Rousseff
en una posición muy precaria , de cara a la continuación del mismo en el Senado
de la República, donde de igual modo se espera que salga airoso y, por ende ,
conduzca a la suspensión en el cargo de la Sra Presidenta por un periodo de 180
días mientras se concluye el juicio político al que será sometida por ambas
Cámaras y , en el caso de ser declarada responsable, seria destituida definitivamente
del cargo.
La anterior referencia sobre
estos eventos en curso, vienen a colación, a propósito de un elemento que ha
sido un factor determinante en todo este proceso, cual es la presencia activa y
la participación constante de la ciudadanía en su solicitud de encontrar una
salida, dentro del marco de la Constitución, a la situación crítica que
atraviesa el gobierno de la Sra Rousseff , el cual ha sido acusado de una mala gestión
administrativa y económica, manifestada, entre otras cosas, en la tergiversación
de cuentas públicas, para mostrar una realidad distinta a la verdadera realidad
del país. Adicionalmente las acusaciones de corrupción y otros actos en
detrimento del país y de sus ciudadanos. Este proceso deja a un país dividido
políticamente, enfrentado socialmente e inmerso en la peor crisis económica de
su historia.
Cuando esto ocurre, y el pueblo
se moviliza, sin ningún tipo de convocatoria, sino animado por su aspiración de
sacar del poder a quienes consideran los causantes de los males que sufren
todos los días; y ejercen la presión que se requiere con firmeza, en paz, y
unidos en un propósito común, se logra activar a las instituciones del Estado,
encargadas de tomar las acciones legales necesarias para la corrección de
aquello que afecta el normal funcionamiento del país y de sus instituciones.
Hemos visto, en el caso del
Brasil, como un pueblo en la calle, exigiendo a sus gobernantes el cumplimiento
de sus obligaciones, confirma el verdadero sentido de la democracia, entendida ésta
en su más pura acepción de “gobierno del pueblo”, siendo este como soberano, y
a través de sus representantes legítimos, quienes en definitiva determinan el
futuro de un País.
Lo anterior solo no ofrece
muchas posibilidades de éxito, si no se encuentra atado a la existencia de una
verdadera separación de poderes, como elementos fundamentales de una democracia
real. En Brasil, con todos los defectos que pudiese tener, existe una
separación de poderes, en donde cada cual ha tenido que asumir su rol, para
responder a las inquietudes y necesidades del pueblo Brasileño.
No importa si un gobierno es de
izquierda, de centro o de derecha; en la medida que en el país de que se trate,
cuente con sólidas bases democráticas y en el que sus instituciones
fundamentales, representada en los tres poderes clásicos (Ejecutivo,
Legislativo y Judicial) actúen con absoluta independencia y, puedan ejercer sus
funciones legalmente atribuidas sin cortapisas ni limitaciones de ningún orden,
estaremos en presencia de que todo es posible. En este sentido, el soberano, o
sea el pueblo en su conjunto encuentra a través de sus instituciones, los
mecanismos que permiten aplicar los correctivos que sean necesarios en el mejor
y supremo interés del colectivo.
Tales eventos como el que
acontece actualmente en Brasil, son un ejemplo más de cuando la democracia no
está sometida a la voluntad de los gobernantes, si puede ser el sistema de
gobierno que asegure y garantice lo mejor para sus ciudadanos. Cuando los
derechos de los ciudadanos son violentados, conculcados o simplemente ignorados
por los gobiernos de turno, es el pueblo en su infinita y poderosa fuerza la
que encuentra el camino para enmendar rumbos, y asegurar que las instituciones
cumplan sus funciones de ser garantes de la voluntad popular, y con ella de todos
los objetivos que conduzcan al bien común
de la sociedad.
Abril 19, 2016
FPP
Abril 19, 2016
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