VENEZUELA
EN RUINAS
Corría el año 1998, y los
Venezolanos nos aprestábamos a concurrir
a un nuevo evento electoral, para elegir al nuevo Presidente de la Republica
para el quinquenio 1999-2004, de acuerdo a lo establecido en la Constitución de
1961. Fue un año muy complejo en lo político, pues todo indicaba que el
candidato de la izquierda, el ex Teniente Coronel Hugo Chávez Frías tenía
amplias posibilidades de ser el triunfador en esas venideras elecciones.
Muy para nuestra desgracia, así
ocurrió y el Comandante Chávez ganó
abrumadoramente las elecciones, entre otras cosas, gracias a la miopía de
nuestros políticos de la época, quienes no entendieron ni supieron interpretar
a un pueblo que clamaba por un cambio y que solo este ex golpista y ex
conspirador les ofrecía, con su populismo exacerbado, pero en sintonía a lo que
pueblo reclamaba de sus dirigentes.
En aquel momento pensé, y así
lo comentaba entre amigos y familiares, que ese triunfo implicaría el inicio de
una desgracia para nuestro país. No creo que se necesitaran dotes premonitorias
para darse cuenta que todo lo que este señor representaba, era lo peor de la
clase política venezolana, rodeado de advenedizos e incapaces, con una única ambición,
cuál era la de acceder al poder para entronizar en Venezuela un régimen a su manera.
Para ese entonces me encontraba
trabajando en Petróleos de Venezuela, S.A (PDVSA), industria a la que había dedicado
25 años de mi vida profesional, y en una posición que a las claras sería
apetecida por el gobierno entrante. Me tocó participar en los encuentros y
reuniones con las personas que fueron designadas como la comisión de enlace
para el área petrolera, a través de las cuales pude reafirmarme en mi creencia
de que lo que se avecinaba no sería bueno, ni para la industria y con ella,
para nuestro país.
Ya para Mayo de 1999, cuando el
Presidente de la República, decidió finalmente nombrar la que sería la primera
directiva de PDVSA con el nuevo gobierno, me quedó claro que mis días estaban
contados en la Industria Petrolera Venezolana; de allí que luego de intensas y
profundas meditaciones, tomara la decisión de retirarme voluntariamente, y
acogerme al Plan de Jubilación, al cual tenía pleno derecho por haber cumplido
los requisitos y tener la edad mínima necesaria para que me fuera otorgada. Así
ocurrió, y en menos de 48 horas tenía mi jubilación aprobada, la cual se hizo
efectiva a partir del 1 de Enero del año 2000.
Luego de un periodo de trabajo
intenso en otro sector laboral en Venezuela , tomé la decisión, junto con mi
familia de emigrar a los Estados Unidos de Norte América. Fue una decisión compleja,
difícil por lo que implicaba, riesgosa por la incertidumbre; en fin con todas
las dudas y temores propios de salir de tu área de confort, para aventurar en
otro país. Ya han pasado más de 15 años que me fui de Venezuela, y hablar de ellos
requerirá una reflexión separada; por ello, a lo que me quiero referir aquí es,
como luego de todos estos años, tenga que decir con mucha tristeza y dolor que
Venezuela está en ruinas .
Si, ruina en todos los órdenes
y en todas las áreas. Nunca antes en nuestra historia republicana habíamos tenido
un gobierno que tuviese tan inmensa capacidad de destrucción de todos los
fundamentos institucionales de un país; y así arrastraban igual la destrucción moral
de los Venezolanos, quienes se han visto por años sometidos a toda clase de
vejaciones y humillaciones de parte de los detentadores de ese poder omnímodo, y
el cual pretenden mantener para siempre, utilizando para ello toda clase de
argucias y trampas de todo tipo, de la mano de los otros poderes públicos, que
no son más que instrumentos de la voluntad del Presidente y de su corte de aduladores y
secuaces en esa pretensión.
El camino se nos presenta lleno
de dificultades, y habrá que sortear todos esos obstáculos para poder reiniciar
el camino en donde los Venezolanos se
reencuentren en un abrazo fraterno, lleno de solidaridad y buena voluntad, para
dar inicio a la reconstrucción de Venezuela. El problema no será solo económico,
y ese es más fácil de resolver, como lo hicieron en el pasado países arrasados
por las guerras, pero que supieron enfrentar esas dificultades y superarlas,
con las ayudas solidarias de otros países que estuvieron prestos a dar una mano
en ese proceso.
Lo más difícil será iniciar el
camino para la recomposición social del país; el camino de la reconciliación y
el dialogo; y más importante aún el camino de una renovada educación a todos
los niveles, desde la infancia hasta la universidad, por manera de asegurar que
las futuras generaciones de venezolanos serán formados en un entorno de valores,
que los conviertan en ciudadanos íntegros, que amen a su País, que sean
respetuosos de las instituciones y de la democracia, como el sistema más idóneo
para el crecimiento personal y profesional de los ciudadanos; un país orgulloso,
de gente honesta y trabajadora, que con su esfuerzo creador, serán capaces de
forjar la refundación de Venezuela, como un país de punta en el conglomerado de
naciones del mundo. Eso es lo que deseo para mi Patria, que hoy encuentro perdida
en la inmensidad de la barbarie y de la ignominia.
Abril 15,2016
FPP
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