A NUESTROS NIETOS
A
propósito de la inminente visita de dos de nuestras hijas acá en nuestra casa
del Sur de La Florida, una proveniente de Denver, Colorado, y la otra de Madrid,
España, me detuve a reflexionar sobre lo que significa, no en este caso el de
ver a las hijas lo cual siempre es una alegría inmensa, sino a los nietos y
nietas, que acompañan a sus padres en esta visita a su familia, y
particularmente a sus abuelos.
Que
no podría uno escribir sobre los nietos, esa maravillosa extensión de nuestros
hijos. Los nietos vienen a ser algo así como los hijos duplicados, una especie
de prolongación, o más bien, de duplicidad en la función creadora y en la
extensión de la especie.
En
los nietos se alarga la vida hacia unos límites de amor que no se soñaron. Por
eso se quieren tanto y se convierten en el juguete espiritual de la edad mayor.
A ellos les damos los besos que tal vez no le dimos a los hijos, y ellos nos
dan los besos que quizás ya nadie nos da. En ellos se reedita la juventud y
nuestro corazón palpita vigorosamente como si fuera un corazón adolescente.
Con
un nieto en los brazos tenemos al hijo. Tenemos la juventud que se nos quiso
escapar un día. Tenemos el amor verdadero que nada pide y todo nos da. Es
ciertamente maravilloso verlos vivir y crecer, y con su inocencia que nos lleva
a otros mundos, y a todo ese concierto de sus risas sonoras.
Los
nietos son una bendición y una fortuna ya en nuestros años de la sensatez; lo
que pasa es que en los nietos se vuelve a amar a los hijos, y se ama mucho más.
Frecuentemente
nos preguntamos, que será de la vida futura de nuestros nietos? Esa pregunta
nos la hacemos basados en nuestra propia experiencia de vida, y a las
complejidades del mundo de hoy.
Un
mundo cada vez más convulso, en permanente evolución y cambio, algunos
positivos y otros, a veces, me temo, muy negativos y, donde cada día nos
asombramos por la multiplicidad de eventos que nos preocupan, pues la más de
ellos parecieran conducir a cambios sociales importantes y determinantes para
la vida futura en sociedad.
Ya
lo decíamos en una reflexión anterior sobre “Los signos de los tiempos”, al
señalar:
“Las
alteraciones de todo orden en el plano social. Los conflictos sociales que se
generan cada vez con más frecuencia, como consecuencia de las cada vez más
crecientes desigualdades sociales entre los diferentes estratos de la sociedad.
El hambre como una derivación de esas desigualdades, los problemas sanitarios,
las enfermedades endémicas, el resurgimiento de enfermedades que se creían ya
vencidas, la contaminación ambiental a nivel global, la contaminación de las aguas
de los ríos y de los océanos, con todos los daños que implica a la flora y la
fauna marina; en fin podríamos no parar mencionando tantos problemas que
afectan al humanidad en su conjunto, que de no tomarse ahora las acciones
necesarias para su corrección, estaríamos dejando un desastroso legado a las
generaciones del futuro”.
A
todo esto habría que agregar otros signos como serían la confrontación político
militar y religiosa en el Medio Oriente, hoy exacerbada por fanatismos
religiosos que pretenden imponer por la fuerza del terror, su concepción al
resto del mundo. Otros conflictos bélicos alrededor del planeta, el cambio
climático y el calentamiento global, los conflictos raciales, el incremento de
la xenofobia a nivel mundial y tantas otras circunstancias que hoy nos
preocupan.
Esas
inquietudes y/o preocupaciones refieren más a los nietos que a los hijos, quienes
ya son conscientes de la realidad que viven día a día; los nietos viven en su
mundo, lleno de ilusiones y fantasías, que esperan ver convertidas en
realidades tangibles para su futuro, sin tener muy claro las circunstancias a
su alrededor. Por ellos y para ellos es que debemos seguir luchando, trabajando
y sobre todo concientizándolos frente a las responsabilidades que algún día tendrán
que asumir en sus respectivas áreas de actividad y su rol en la sociedad.
Nosotros
los abuelos, estaremos allí, el tiempo que Dios permita, para apoyarlos,
orientarlos, y más que todo consentirlos y quererlos, coadyuvando con sus
padres en su educación y en su formación, plena de valores morales y
espirituales bien arraigados en su corazón y en su mente, para que en un futuro
les guie cuando tengan que asumir sus responsabilidades ciudadanas y sean factores
determinantes para asumir los retos que supondrá participar como agente activo en
el desarrollo de una sociedad más justa y más humana.
Julio
11, 2016
FPP
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