LA SUERTE ESTA ECHADA
Ya
cumplidos los obligados eventos, que durante dos semanas mantuvieron a la opinión
pública de este país atenta a su desarrollo y ya conocido final, cual no es
otro que las nominaciones oficiales de las candidaturas de Donald Trump, por lo
que respecta al Partido Republicano, y la de Hillary Clinton por lo que refiere
al partido Demócrata. Ha quedado dilucidado así el panorama para los venideros
meses de campaña electoral, entre estos dos aspirantes a convertirse en el
cuadragésimo quinto ( 45th) Presidente de los Estados Unidos.
En
otras palabras, ”la suerte está echada”, como dice el refranero popular, para
significar, que ya no hay más nada que hacer, sino competir y demostrar frente
a los ciudadanos votantes cuál de los dos es el candidato más calificado y que
ofrece las mejores programas a ser ejecutados durante su posible gestión, todos
ellos orientados a la procura del mayor bienestar posible al pueblo Estadounidense.
Yo
por mi parte, independientemente de mi imposibilidad de votar en estas próximas
elecciones, no por ello dejo de tener el derecho de expresarme y de emitir mi
opinión personal sobre los candidatos en cuestión, y más aún sobre lo que
significaría para los Estados Unidos el posible triunfo de uno u otro.
Para
ese propósito, solo habría que hacer una comparación de lo que han sido las dos
Convenciones, que recientemente pudimos apreciar, y en las cuales fueron nominados los candidatos
en cuestión.
Por
lo que respecta al lado del Partido Republicano, muy lamentablemente lo que
pudimos observar a través de todos los expositores que desfilaron durante esos
tres días, fue una reiterada retórica de descalificación, a como diere lugar,
en contra de la otra candidata. Resultó patético observar como prominentes
políticos y otras personalidades, en forma a veces enardecida, se volcaban en
calificativos grotescos en contra de Hillary Clinton; incluso hubo una persona
que se atrevió a decir que merecía el
fusilamiento por traición a la Patria. Esa fue la tónica en general, sin
proponer nada nuevo, sin esbozar un programa de ideas o proyectos a ser
ejecutados durante la gestión de quien podría ser su Presidente. No menos
patético fue el discurso final del candidato Donald Trump, quien, a pesar de
mitigar un tanto su incontinencia verbal y sus peyorativos calificativos, no
pudo menos que mostrar una absoluta carencia de los más elementales requisitos
que deben acompañar a alguien que pretende convertirse en el líder del mundo
libre.
Observamos
un partido dividido, fracturado en lo ideológico y programático, sin rumbo ni
norte definido, que aún se debate entre sus originales postulados, y
encontrarse en la disyuntiva de respaldar a un candidato que no representa los
valores y principios que siempre han acompañado , a través de su historia, al Partido
Republicano.
Por
el contrario, de lado del Partido Demócrata, encontramos un partido, que a
pesar de sus diferencias internas, se mantiene cohesionado y firme en la
defensa de , no solo de su candidata, sino de todos aquellos logros que han
sido parte de la historia de ese partido, y por los logros personales del
actual Presidente Barack Obama.
Discursos
muy serios y responsables, sesudos análisis de la situación nacional y mundial,
mostrándonos una imagen fresca y esperanzadora por el futuro de este país. Los
mensajes que , a mi juicio, marcaron una diferencia abismal entre las
propuestas de Donald Trump y lo que representaría una persona como Hillary
Clinton en la Casa Blanca, fueron los del Vice Presidente Joe Biden, el Ex
alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, y finalmente el del Presidente Barack
Obama, quienes en forma clara, precisa y con contundentes mensajes, no solo nos
presentaron a la Sra. Clinton como la persona más calificada para el cargo,
sino que no escatimaron en las criticas al mensaje reiterado de Donald Trump, plagado
de pesimismo, división, resentimientos y odio, todo lo cual no se compadece con
el espíritu que ha distinguido a esta Nación a través de su historia.
Solo
nos queda por reseñar el discurso de la Sra. Clinton, al aceptar la nominación
de su Partido para ser su abanderada en los próximos comicios, el cual
claramente marcó una diferencia conceptual e ideológica, con lo que hemos
venido oyendo del Sr. Trump y de su partido. Un mensaje lleno de pasión,
optimismo, con ideas claras y precisas sobre lo que propone llevar a cabo, de alcanzar su objetivo de
convertirse en la primera mujer electa Presidente de los Estados Unidos.
Quedan
unos meses de campaña, serán duros y difíciles, y veremos toda clase de
triquiñuelas y artimañas de ambos bandos, para tratar de ganarse el favor del
electorado. Sin embargo, y sobre ello ya me he pronunciado en reiteradas
oportunidades, de lo que se trata es, en primer lugar, ir a votar, y con ese
voto elegir a aquel candidato que garantice la mayor estabilidad política,
económica y social del país, y el cual con sus programas provea el mayor
bienestar posible a los ciudadanos; además, aquel que reuna las cualidades, y
tenga las capacidades necesarias para liderar a esta gran Nación, en tiempos de cambio, de conflictos y de profundas
transformaciones.
No
tengo dudas de que al final del camino, se impondrá la sensatez del pueblo
Norteamericano para llevar a la Sra. Hillary Clinton a la Presidencia de los
Estados Unidos.
Julio
29, 2016
FPP
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